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Miércoles 29 de Abril, 2026 55 vistas

El desafío de integrar la tecnología y el equilibrio pedagógico en el aula

En un mundo donde la presencia digital es constante y atraviesa cada aspecto de la vida cotidiana, el ámbito educativo se enfrenta al reto de asimilar estas herramientas sin perder la esencia de la enseñanza. Sobre este eje, el subdirector Favier Samit analizó la importancia de la tecnología en los procesos de aprendizaje, destacando que el éxito no radica en la modernización por sí misma, sino en la responsabilidad y la adaptación a las necesidades de cada estudiante. «Hoy vivimos rodeados de la tecnología; cada instante que pasa o momento en que nos movemos, la tecnología está presente», señaló Samit en diálogo con Audiovisual. Para el jerarca, el sistema educativo no puede ser ajeno a esta realidad, ya que el principal beneficio técnico es la inmediatez: la capacidad de contar con herramientas que ponen la solución a cualquier duda al alcance de la mano. Sin embargo, enfatizó que esta ventaja conlleva una obligación ética y operativa: la responsabilidad en el criterio de uso.
CONVIVENCIA DE DOS MUNDOS 
Uno de los puntos centrales de la reflexión de Samit fue la necesaria coexistencia entre la vanguardia digital y los métodos de enseñanza tradicionales. Lejos de proponer una sustitución, el subdirector abogó por una integración armoniosa donde un sistema no condicione ni desplace al otro. «Es una mezcla de las dos. Los métodos tradicionales nos ayudan bastante y no debemos olvidar cómo también aprovechar los nuevos mecanismos», explicó. La clave, según Samit, reside en la «medida justa», un equilibrio que debe ser dictado por el perfil de aprendizaje del alumno y no por una imposición tecnológica uniforme.
CONOCER AL ALUMNO 
El enfoque pedagógico planteado sugiere que la tecnología debe funcionar como un puente personalizado. Samit sostuvo que, mientras algunos estudiantes encuentran en las nuevas plataformas la llave para comprender temas complejos, otros siguen hallando en los métodos convencionales una vía mucho más accesible y efectiva. Bajo esta premisa, el rol del docente y de las instituciones se vuelve fundamental para identificar cómo aprende cada individuo. «Debemos tratar de conocer a nuestros alumnos para, de esa forma, poder implementar lo que sea realmente beneficioso para ellos», concluyó. De este modo, la tecnología en la educación se perfila no como un fin, sino como un recurso flexible que, bien administrado, potencia la diversidad de capacidades dentro del salón de clases.