Por Julio Aguirrezábal
El norte uruguayo esconde secretos de ingeniería popular y turismo que bien valen la pena replicar. Hace ya varios años, quien escribe estas líneas tuvo la oportunidad de conocer el camping ubicado a orillas del arroyo Pintadito, en el departamento de Artigas. Más allá de contar con varios servicios, el gran atractivo del lugar radicaba en una ingeniosa obra: una serie de piletas construidas dentro del propio cauce que funcionaban como piscinas de agua corriente. El sistema, tan simple como eficiente, constaba de tres niveles con profundidades escalonadas. El agua circulaba de manera continua, volcándose de una piscina a la otra hasta que la última entregaba su caudal nuevamente al curso natural del arroyo. Una verdadera joya de aprovechamiento hídrico y recreativo.
EL ECO DE UNA BUENA IDEA
Esta postal del pasado cobró total vigencia hace apenas unos días. Un lector de CAMBIO visitó la zona de Baltazar Brum y constató que una infraestructura de similares características sigue cautivando a los visitantes en el arroyo Yacuy. Allí, la combinación de naturaleza y diseño vuelve a demostrar que se puede disfrutar del entorno de forma segura y sustentable. Ante estos antecedentes, resulta inevitable plantear la interrogante: ¿Sería viable proyectar un sistema de piscinas naturales en el río Daymán?
DESAFÍOS TÉCNICOS Y GEOGRÁFICOS
Si bien la idea es sumamente atractiva para potenciar el turismo fluvial de la zona, la ejecución de un proyecto de esta magnitud en el Daymán plantea importantes desafíos logísticos:
El volumen del caudal: a diferencia del Pintadito o el Yacuy, el río Daymán maneja volúmenes de agua significativamente mayores.
El factor climático: ante episodios de intensas precipitaciones en la cuenca, las crecidas taparían por completo las estructuras de las piscinas, lo que exigiría un diseño arquitectónico de alta resistencia y un mantenimiento constante.
A pesar de los obstáculos de la naturaleza, la experiencia acumulada en Artigas demuestra que, con voluntad política e ingenio técnico, los cursos de agua pueden transformarse en complejos recreativos inolvidables. La propuesta queda sobre la mesa.