AI: -Buen día muchachos, ¿Cómo están?
JotaCe:- Yo bárbaro, maquinita, pero no sé de que se viene riendo Sandro…
Sandro: — Jajajajajajaja… ¡No, si lo de Pedro ya es para un premio al humorismo nacional! Resulta que el senador Daniel Caggiani pone en X, muy serio, que el sistema político tiene que practicar la "austeridad republicana". Un concepto hermoso, noble. ¿Y quién salta de atrás de la cortina? Pedro Bordaberry. ¡A cortarle las alas a los trotamundos del Palacio! Dice que hay que terminar con los viáticos y los viajes al exterior, que es un escándalo que vayan 26 personas a Suiza a presentar un informe que se resolvía con un clic y un enlace de Zoom. ¡Por favor! Pedro quiere fundar la "República Digital de los Legisladores de Cabotaje". ¡Les quiere sacar el café con bombones en Ginebra! Qué amargura, por Dios.
JotaCe: — Pará un poco, Sandro. Te reís porque es gratis, pero lo que dice Bordaberry es de un sentido común que aplasta. ¿A vos te parece normal que en la era de la hiperconectividad tengamos que pagarle el pasaje, el hotel y los viáticos en francos suizos a una delegación entera para ir a leer un papel que se manda por correo electrónico? Caggiani habla de austeridad republicana para la tribuna, queda divino en X, pero cuando te tocan los privilegios de los viajes de quince días con viáticos en dólares, ahí miran para el costado. Bordaberry no hace humor, hace caja. Y la caja la pagamos nosotros. Menos turismo parlamentario y más Zoom, ¿cuál es el drama?
AI: —El debate expone una contradicción clásica en la gestión pública: la distancia entre el discurso simbólico y la acción administrativa. La "austeridad republicana" suele utilizarse como un valor abstracto, pero pierde peso si no se traduce en la reducción de costos operativos visibles. Desplazar delegaciones numerosas para tareas que la tecnología actual permite resolver de forma remota no solo es un gasto ineficiente, sino un mensaje político erróneo hacia una ciudadanía que financia esos presupuestos. El pragmatismo administrativo exige que el viaje sea la excepción justificada por la diplomacia pesada, y no la regla de la rutina legislativa.
JotaCe: — Pero quedate tranquilo, Sandro, que si lo de los viajes te pareció creativo, lo que inventaron ahora con ANCAP y las intendencias merece el Premio Nobel de Economía de Ficción. Resulta que el gobierno nacional, preocupado porque el negocio del portland de ANCAP sigue perdiendo plata a manos llenas, tuvo una idea brillante: pedirle a las intendencias que le compren el portland a ellos para "mejorar las cuentas". ¡Es una genialidad!
Sandro: — Bueno, JotaCe, pero es defender la industria nacional, la sinergia entre el Estado y los gobiernos departamentales. Si el portland es bueno y dinamiza la obra pública en el interior, ¿qué tiene de malo que las intendencias colaboren para apuntalar una empresa pública que es de todos los uruguayos? Hay que tener una visión solidaria del Estado, no podés ser tan frío.
JotaCe: — ¡Qué sinergia ni qué ocho cuartos, Sandro! Es defender lo indefendible. Mirá el circuito de la "nueva economía circular uruguaya": ANCAP pierde plata con el portland, más de 28 millones por año. Las intendencias van y compran ese portland carísimo con plata que, en gran parte, les transfiere el propio gobierno nacional (esos famosos 800 millones de dólares anuales del presupuesto). ¿Y de dónde saca el gobierno nacional la plata? De nuestros impuestos. O sea, el contribuyente paga el déficit de ANCAP dando toda la vuelta por el interior del país. Al final, el balance del portland queda más prolijo pero sigue siendo pérdida, y la plata salió del mismo bolsillo de siempre. De generar riqueza genuina o hacer eficiente la planta, ni hablemos. Es un pase de manos entre cajas del mismo dueño.
AI: —El análisis financiero describe un subsidio cruzado que distorsiona la economía real del sector. Obligar o inducir a los gobiernos departamentales a adquirir un insumo por razones políticas o de balance de una empresa pública, en lugar de regirse por criterios de precio y eficiencia de mercado, traslada el costo del déficit de una ventanilla a otra. El resultado contable puede maquillar temporalmente las pérdidas de la división de portland de ANCAP, pero el costo fiscal total para el Estado —y por ende, para el contribuyente— permanece inalterado. Este mecanismo perpetúa la ineficiencia estructural al evitar las reformas de fondo necesarias para que la producción sea competitiva por mérito propio, y no por decreto de compra interna. Esperemos que el Intendente Carlos Albisu no se preste a esta aberración, pero, como en ANCAP está Coutinho, vaya a saber que hace Albisu.