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Domingo 02 de Noviembre, 2025 410 vistas

Hagamos un trato

Por el Dr. César Suárez
Los seres humanos tenemos una naturaleza predeterminada que nos conduce a vivir en comunidad, si bien hay casos aislados excepcionales que viven como ascetas ermitaños, la casi totalidad de las personas, buscamos socializar y encontrar a otras personas para interactuar, para intercambiar, para crear, proyectar, convivir, acordar, discutir, apoyarnos, asociarnos, discrepar, pelear, reconciliarnos, dominar, depender, jugar, construir, depredar, reconstruir, amar, odiar, estudiar, investigar, inventar y todo aquello que ustedes se les ocurra que pueden llegar a hacer 2 o más personas, acordando o desacordando.
Los más de 8.000 millones de personas que habitamos el planeta, en este preciso instante, algo de eso estamos haciendo tal como han hecho los más de 110.000 millones de personas que han vivido durante toda la historia de la humanidad y de la que la gran mayoría ya han muerto en el curso de todos estos miles de años.
Estos 8.000 millones que ahora quedamos vivos, estamos dejando huella sobre el planeta que languidece por la sobre explotación para un consumo desorbitado pero muy desparejo donde unos depredan para satisfacer sus berretines, y otros, en el otro extremo, apenas sobreviven con lo elemental o con menos de eso.
Todo ese mar de gente se mueve en ocasiones en olas serenas y otras, en otros lugares y ocasiones, en maremotos embravecidos donde los acuerdos son complejos  pero sea como sea, esa relación entre personas y comunidades, se mueven continuamente a través de tratos de palabra, o por escritos, a título individual o colectivo que pretenden ponerse de acuerdo de cómo proceder y que vale y que no vale, muchos de palabra para los acuerdos rutinarios y otros, los más dificultosos, a través de complejos documentos que la gente firma sin entender demasiado, confiando en el profesional y en general, se omite leer la letra chica que suele tener la esencia de las complicaciones para alguna de las partes o las dos, terminan por no cumplir con lo acordado.
Pero todo lo que se mueve en la rutina cotidiana y que maneja a nuestras vidas de acuerdo a nuestra capacidad, inteligencia, intuición, ganas, ánimo, facilidades, obstáculos, destreza, resiliencia, arman la historia de nuestra vida que es diferente de acuerdo al lugar y al ámbito que nos tocado o elegido permanecer.
No hay día en el que el resultado de nuestra rutina no esté marcado por un trato acordado con los que convivimos o nos cruzamos en el curso de cada jornada, en el hogar, en el trabajo, en las parejas, en los grupos, en las empresas y hasta en los juegos, hay quienes mandan, quien obedecen, quienes comparten responsabilidades y cuando el trato no se concreta amistosamente, inevitablemente surge el conflicto porque no nos ponemos de acuerdo y no hay trato y se termina con una o ambas partes no haciendo lo que pretendía hacer. En ocasiones, muchos concluyen que es preferible un mal trato que un conflicto que termina por salir más “caro”.
No vivimos solos en este mundo, por suerte, y tenemos que tener la inteligencia de encontrar el camino para hacer un trato que en ocasiones termina siendo más beneficioso que nuestra idea original, lo único que necesitamos es despojarnos de necedades cuando comprobamos que no tenemos razón y reconocerlo es el camino más corto para poderlo transitar livianos porque los caprichos irracionales son una carga que termina por recargar y doblar la espalada.