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Domingo 09 de Noviembre, 2025 117 vistas

Felicidades

Por el Dr. César Suárez
Para mí, la felicidad es un estado de satisfacción circunstancial que genera un sentimiento que tiene que ser necesariamente agradable que surge cuando uno se despoja de toda la carga arrastrada de enredos emocionales para disfrutar en forma exclusiva de esa sensación que lo invade y dura a veces casi nada y en otras persiste estable hasta que de nuevo se cruzan por nuestro pensamiento una ráfaga de preocupaciones que vuelven a tomar el comando dependiendo del lugar que nuestra mente le asigne a lo real o lo superfluo,ligado a la escala de valores que hemos construido a través de nuestra existencia.
Hasta aquí lo que a mí se me ocurre como definición de la tan controvertida felicidad, pero como ahora estamos invadidos por internet, nos vemos tentados a consultar para ver que nos aporta y ahí leo: “la felicidad es un estado de ánimo positivo de satisfacción y bienestar, que se experimenta al conseguir objetivos o encontrar conformación, pero es una experiencia subjetiva que varía en cada persona. Se puede cultivar a través de la motivación, el propósito y la responsabilidad y se relaciona con el bienestar físico, emocional o intelectual y relacional”
Ahora veamos que aporta El diccionario de la Real Academia Española: Estado de grata satisfacción espiritual y física.
Sin duda que felicidad es una palabra positiva y que representa un estado emocional al que todos aspiramos a lograr, pero depende de las aspiraciones que cada uno se marque.  Algunos instalan sus aspiraciones demasiadas altas, en ocasiones imposibles de lograr y por consiguiente la felicidad nunca llega al punto que los momentos que podrían ser agradables pasan desapercibidos. No significa no tener proyectos y desafíos, simplemente se trata de saber disfrutar de cada instancia de la vida.
A veces nos venden y nosotros compramos, costosos paquetes de felicidad finamente envueltos y adornados, pero al abrirlos no se encuentra ahí dentro exactamente lo que buscamos, pero igual, vamos detrás de la publicidad masiva y cuesta mucho pensar “fuera de la caja”.
Obviamente que la felicidad la tiene que armar cada uno, en forma artesanal, transitando por los recovecos que la intuición y el discernimiento nos señala.
Cada uno gestiona su vida como mejor le parece para encontrar la felicidad, con o sin recursos.
Para mí, por más que la publicidad lo marque y la cultura predominante lo establezca, la felicidad no está en Europa, ni en Miami, ni en Orlando ni en Dubái ni el Disneyworld, para mi está aquí, exactamente donde estoy, levantarme cada día, más bien temprano, ser testigo de un nuevo día, disfrutar de mi casa, de la armonía familiar, de compartir momentos con mis amigos, salir a la calle, hacer mandados, encontrarme cada día con mis vecinos, hablar con cualquiera en la calle, compartir la vida por medio siglo con mi compañera de vida, armar una familia, tener hijos y nietos, sentirme acompañado, escribir, leer, hacer largas caminatas disfrutando el paisaje que integra y rodea mi propia ciudad, respirar aire puro, disfrutar del paisaje 
Compartir con Amancio, mi más pequeño nieto varias horas por día, salir a la vereda y perseguirlo detrás de su patineta, o llevándolo a la plaza sobre un carrito de tiro, jugar con a la pelota, verlo reír y gritar de alegría y saber que Ingrid, mis hijos y mis otros nietos, están ahí, físicamente presente o al alcance de una llamada y sentirse querido y ganar tiempo, perdiendo tiempo en tareas intrascendentes.
Todo esto se construye en el correr del tiempo, pero es gratis, lo demás, se compra con dinero, pero en mi caso, no me hace falta tanto.
Sólo aspira que todo siga siendo así.