Pasar al contenido principal
Jueves 25 de Junio, 2026 89 vistas

Fotografías antiguas de Salto:Termas del Arapey: un tesoro aún por descubrir (1952)

Por Cary de los Santos Guibert 
UN PARAÍSO ESCONDIDO EN EL NORTE
En 1952, cuando el Uruguay transitaba una etapa de crecimiento y modernización, las Termas del Arapey permanecían como una de las riquezas naturales menos aprovechadas del país. Una publicación de la época las describe como un lugar privilegiado, donde la naturaleza había reunido en un mismo escenario aguas curativas, paisajes de singular belleza y un entorno de tranquilidad excepcional. Ubicadas entre montes criollos y extensas llanuras, las termas ofrecían un espectáculo poco común para quienes llegaban hasta aquel rincón del departamento de Salto. Sin embargo, la distancia y la escasa infraestructura limitaban el acceso de los visitantes, manteniéndose todavía lejos de convertirse en el centro turístico que años después alcanzaría a ser.
EL RECONOCIMIENTO DE LA CIENCIA
La fama de las aguas del Arapey no se sustentaba únicamente en relatos populares. Médicos y especialistas de prestigio nacional habían visitado el lugar para estudiar sus propiedades. Entre ellos figuraban el doctor Mario Cassinoni y el doctor José Estable, cuyas observaciones respaldaban científicamente las virtudes terapéuticas que los pobladores atribuían desde hacía años a aquellas surgentes de aguas minerales. Los testimonios recogidos señalaban beneficios para quienes padecían afecciones reumáticas, trastornos digestivos, problemas circulatorios y alteraciones nerviosas. Las aguas cálidas, combinadas con el descanso y el contacto con la naturaleza, eran consideradas una alternativa valiosa para la recuperación de la salud.
UN PROYECTO QUE ESPERABA DESPERTAR
A pesar de sus reconocidas cualidades, las Termas del Arapey continuaban prácticamente desaprovechadas. La publicación recordaba que en el Parlamento existía desde tiempo atrás un proyecto impulsado por el entonces presidente Tomás Berreta, destinado a iniciar las obras necesarias para su desarrollo turístico. La iniciativa contemplaba la asignación de tierras y la construcción de instalaciones adecuadas para baños, alojamiento y recepción de visitantes. Sin embargo, aquellos planes permanecían detenidos, mientras las aguas seguían corriendo sin que el país obtuviera plenamente los beneficios de un recurso considerado excepcional.
UNA ESPERANZA PARA EL PORVENIR
Desde las páginas de Salto Actualidad, sus redactores sostenían que bastaba una adecuada organización y una inversión relativamente modesta para transformar aquel rincón rodeado de montes y praderas en un importante centro termal. Veían en Arapey una oportunidad para impulsar el turismo, generar actividad económica y ofrecer tratamientos accesibles a quienes debían viajar al extranjero en busca de aguas curativas. Con el paso de las décadas, aquella expectativa expresada en 1952 terminaría confirmándose. Las Termas del Arapey se convertirían en uno de los principales destinos turísticos del país, dando la razón a quienes, desde esas páginas salteñas, supieron reconocer tempranamente el valor de aquel tesoro natural.