Por Alexandra Ledesma
Socióloga y Educadora Sexual
El bullying, el acoso, es una forma de violencia sostenida en el tiempo que tiene un solo cometido, dañar. Entre estas formas de daño, se encuentran la humillación, el aislamiento, además del insulto y el daño físico. Tampoco se trata de una pelea insignificante entre compañeros de clase, sino que persigue una intención, donde como toda situación de violencia, el poder juega un papel preponderante.
El titulo de esta columna no es al azar, son pilares en esta lucha contra esta pandemia que atraviesan nuestros niños y adolescentes, que muchas veces los empuja a decisiones fatales y evitables.
Hablar, porque las conversaciones siempre deben estar, siempre. Se debe encontrar el momento, el espacio, tener, como adultos responsables, la iniciativa, o esperar a que lleguen las preguntas, pero nunca dejar que reine el silencio y la actitud esquiva con nuestros hijos.
Las conversaciones incomodas o difíciles, son parte, y son más que necesarias. Como adultos debemos poder conversar sobre ello en nuestras casas, que sea parte de la educación emocional y del día a día.
Educar es clave, no implica solo enseñarles a no agredir, sino también a desarrollar empatía, a reconocer cuando los están dañando o cuando le sucede a alguien más, y en ambos casos, saber pedir ayuda para frenarlo.
Pero paren todo, quiero antes de seguir, recordarnos algo para nada menor, y es que nuestros niños aprenden observando, observan nuestra propia forma de resolver los conflictos. Si somos nosotros los que nos burlamos, si somos nosotros los que insultamos o directamente golpeamos, si solemos ser indiferentes ante el sufrimiento ajeno, ellos van a entender que esta es la forma correcta de actuar, y si, lo van a llevar a cabo porque sus adultos referentes así lo resuelven.
Contrario a ello, debemos ser el lugar seguro, ese espacio donde puedan expresarse sin miedo, donde no se sientan juzgados, donde lo que se trasmita sea tranquilidad y escucha activa.
Escucharlos, y no solo eso, sino lo que sigue, creer aquello que nos están contando, porque eso quiere decir que confían en nosotros, en que vamos a hacer algo al respecto.
Invitarlos a abrirse puede sonar como ¿cómo te fue hoy en la escuela?, ¿algún compañero quedo solo en el recreo?, ¿notaste triste a algún compañero? ¿sentiste que algún compañero se burlo de vos o de alguien más?, son tan solo algunas de las preguntas que debemos animarnos a hacer, y repito, creer, creer en su relato, mostrar interés y validar aquello que nos están contando. Nunca, pero nuca, quitar importancia, esto no es algo “de niños”, restarle importancia es silenciarlos, y eso solo conduce a mas y mas silencios. Siempre vamos a querer saber si algo malo sucede, desacreditarlos solo rompe la confianza, validar estas emociones es uno de los pilares fundamentales.
Educar sobre empatía, que aprendan a ponerse en los zapatos del otro, que no pasa solo por los golpes, sino que humillar, aislar, burlarse, todo ello hace también al acoso, e incluso deja heridas aun más profundas y dolorosas.
Otro aspecto, es trabajar constantemente el autoestima, un niño seguro de sí, no daña ni permite que lo dañen, esto se logra mediante la comunicación y la validación de sus emociones. De esta forma va a saber también que pedir ayuda no es de débiles, todo lo contrario, es de valientes, sea porque son víctimas o testigos del acoso, y que siempre van a haber adultos que intervengan, en los que pueden confiar.
Si, se puede combatir el acoso, desde la constante practica del respeto y empatía, porque no nos olvidemos que esos niños también van a ser adultos y también van a construir vínculos y necesitamos que sean sanos.
Jueves 30 de Octubre, 2025 70 vistas