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Domingo 30 de Noviembre, 2025 48 vistas

Ing. Agr. Beatriz Díaz de INTA Concordia: Plantas florales: una herramienta clave para el manejo de plagas

En el marco de la jornada sobre protección vegetal hortícola, desarrollada por INIA Salto Grande, el pasado viernes en cooperativa Calsal, la Ing. Agr. Beatriz Díaz, investigadora del INTA Concordia de Argentina, centró su presentación en la incorporación de plantas florales como estrategia para mejorar el control de plagas, una herramienta que forma parte del manejo integrado y que, según explicó, se sustenta en el concepto de control biológico por conservación.
La profesional señaló que este enfoque consiste en modificar el ambiente dentro del sistema productivo con el fin de "brindar recursos a los enemigos naturales", los cuales cumplen un rol decisivo en la regulación de insectos plaga. Según explicó, estos recursos provienen fundamentalmente de las flores, que aportan polen y néctar, dos elementos que describió como "los recursos alimenticios más importantes" para insectos benéficos y polinizadores.
Al mejorar la disponibilidad de estos recursos, se potencia la presencia de depredadores y parasitoides, organismos que cumplen funciones esenciales. "Los depredadores se van a comer los insectos plaga, y los parasitoides los van a parasitar mediante un huevo", afirmó. Para la técnica, el impacto de esta interacción es directo y positivo sobre el control biológico dentro de los cultivos hortícolas en los que se integran plantas florales.
¿Cómo elegir las mejores plantas?
Consultada sobre el tipo de plantas a utilizar, la especialista explicó que existen dos líneas de análisis complementarias: por un lado, las interacciones entre flores e insectos benéficos, y por otro, la ecología química, que engloba las señales emitidas por las flores -aromas, colores y estructuras- que facilitan su ubicación. En ese sentido, destacó que "la estructura química que emanan las flores, las fragancias y también los colores hacen que sean más atractivas" para los organismos buscados.
Díaz recomendó evitar la colocación de plantas aisladas y, en cambio, optar por agrupaciones que permitan una mejor identificación. También mencionó características preferenciales en función de experiencias previas. "Si las flores son pequeñas y blancas o amarillas, preferentemente son más localizadas que otros colores y otras estructuras florales", explicó. De todas formas, aclaró que no se trata de los únicos colores útiles, pero sí de los más llamativos para la mayoría de los insectos benéficos.
La estructura floral, además del color, es determinante. "Cuanto más planas son las flores, mejor, porque eso indica que los nectarios están expuestos y los insectos pueden llegar a comerlos", detalló. Esta accesibilidad, sumada a la compatibilidad entre el tamaño de la cabeza del insecto y la ubicación de los nectarios, es fundamental para asegurar que la planta efectivamente proporcione los recursos necesarios.
A nivel internacional, numerosas especies han sido identificadas como plantas insectario, denominadas así por su capacidad de proveer recursos a depredadores, parasitoides y polinizadores. Díaz explicó que muchas de ellas ya han sido probadas en diversas regiones del mundo, incluyendo experiencias en sistemas protegidos y cultivos hortícolas a campo.
Sincronización con el ciclo de las plagas
La ingeniera aseguró que esta estrategia puede implementarse "en todos los cultivos, tanto de invierno como de verano, de hoja como de fruto". Según explicó, la clave no está en el tipo de producción, sino en la selección de la planta floral adecuada para garantizar que esté florecida en el momento preciso. Para ello, es indispensable articularla con el ciclo fenológico del cultivo principal.
Más allá de las particularidades de cada especie hortícola, la planificación temporal es esencial. "Su máxima floración debe coincidir con los momentos de mayor cantidad de plaga", enfatizó. De esta manera, los insectos benéficos encuentran alimento alternativo, aumentan en número y pueden ejercer un mayor efecto sobre las poblaciones plaga en el momento crítico.
Esta lógica se extiende a una amplia gama de insectos benéficos, pero también abarca otros artrópodos. La especialista destacó que "las arañas, que no son insectos, pero son cazadoras, utilizan estas plantas florales como refugio". Según describió, muchas de estas especies no construyen telas, sino que deambulan y cazan activamente. Durante la noche, explicó, se desplazan hacia los cultivos y "ahí ejercen su acción depredadora; van a comer a las plagas". Esta contribución, aunque menos visible, forma parte del conjunto de beneficios que ofrecen las plantas florales.
Reducción de agroquímicos
Uno de los ejes subyacentes en esta estrategia es disminuir la dependencia de productos fitosanitarios en los cultivos. La misma jornada de INIA Salto Grande se centró precisamente en promover un uso racional de agroquímicos, y la propuesta presentada por la profesional argentina encaja dentro de ese objetivo. Díaz subrayó que la modificación del ambiente mediante plantas florales "favorece la mayor presencia de insectos benéficos y polinizadores, reduciendo el uso de agroquímicos en el control de las plagas".
La ingeniera explicó que, al fortalecerse las poblaciones de enemigos naturales, se incrementa la regulación biológica de manera natural. Esta dinámica, combinada con una planificación adecuada del sistema, permite disminuir intervenciones químicas, siempre dentro de un enfoque integrado. Para Díaz, la clave está en comprender que el ambiente puede diseñarse deliberadamente para favorecer organismos benéficos y, con ello, impactar de forma directa en la presión de plagas.
La especialista fue clara en su mensaje final: la inserción de plantas florales no reemplaza otras prácticas del manejo integrado, pero constituye un componente decisivo en los sistemas hortícolas actuales, especialmente en invernaderos y ambientes protegidos donde el equilibrio ecológico puede ajustarse con mayor precisión.