Por Armando Guglielmone
Cualquiera que se refiera a un perro generalmente menciona su raza o dice “se parece a tal raza” para que tengamos una idea al tipo de perro que se refiere. Pero lo cierto es que la identificación de los perros, por lo que hoy denominamos raza, no tiene más de 150 años de uso.
Antiguamente los perros se asociaban a una apariencia física determinada o a una función específica. Se hablaba de tipo de perro y no de raza como tal. Así teníamos tipo de perros de caza, que, a su vez, se dividían en perros tipo galgo o lebrel, de acoso, de madriguera, de agarre, de rastro, de pluma, etc. Estos se seleccionaban exclusivamente por su capacidad mayor para una tarea en particular, que era determinada a su vez por sus capacidades individuales. Así podía haber hermanos de una misma camada en los cuales tal vez uno, a diferencia del resto, tenía predisposición a detenerse frente a un ave en el campo, a diferencia del resto que gustaba de perseguir conejos o zorros. Así que este se lo usaba para marcar perdices, por ejemplo, y se lo reproducía con otro de cualidades similares para así tener perros de tipo específico para pluma.
Los registros genealógicos pocas veces se llevaban y cuando se hacían era de manera particular o local. Tal era la cantidad de variedades de tipo de perro que, en una exposición canina realizada en 1884, se encontraron con el problema de tener que juzgar más de 150 tipos diferentes de estos. Es que el tipo de función lo definía el propietario, así uno decía que era perro de aguas, el otro sabueso, el otro de agarre y no había una gran uniformidad física para agruparlos. Los criadores eran generalmente gente noble o adinerada que le ponían su nombre o el de la zona a ese “tipo” de perro, que podía ser el mismo tipo de perro de otro criador que tenía otro nombre y no tenían nada en común físicamente.
Así entonces se exigió a la sociedad canina que se encargara de formar razas en función de sus tareas, pero describiendo su morfología, así habría un orden para saber qué tipo de perro era en función de su raza. Así entonces, por ejemplo, si alguien traía un perro tipo setter, se lo agrupaba con los perros de muestra, pero todos debían ser más o menos grandes, de orejas caídas, buena nariz, pelo medio largo y caído, aunque no tuvieran el mismo color, de ahí luego se dividían en función de sus zonas o creadores. Con los ovejeros pasaba lo mismo, en función de su zona de desarrollo se los nombraba por ejemplo en Alemania, pastor de Wurtemberg, o pastor de Turingia, pero debían parecerse para que al haber uniformidad fuera más fácil seleccionarlo. El pastor belga por ejemplo era el perro usado para trabajar con ovejas, no importando el aspecto en sí, llevando a que empezara a ser seleccionado por su capacidad, pero también por una cierta apariencia en común.
Luego se dividieron por nombres en función de la zona que más había un tipo de aspecto determinado, pero eran todos pastores y se juzgaban junto a otros de otros países que debían ser pastores también, con un aspecto también determinado. Así llegamos al día de hoy en el cual hay unas 400 razas más o menos reconocidas, pero divididas en diez grupos apenas según la FCI, la federación canina internacional. Así que cuando alguien nos pregunta qué tipo de perro es el que tenemos, le podemos responder gracias al trabajo que se tomaron hace poco más de un siglo gente con mucha, mucha paciencia
Lunes 27 de Octubre, 2025 477 vistas