Por Armando Guglielmone.
Hace cuestión de un par de días, mientras iba conduciendo, veo que en una esquina un perro sale corriendo tras otro raudamente atravesándosele a un motociclista ocasionando que este lo chocara y cayera al piso. Me detuve enseguida para prestar asistencia junto con otra persona que llegó corriendo inmediatamente, gracias a Dios presentaba laceraciones en brazos nomás pero no se había quebrado. Lo que me pareció increíble es que la persona que se acercó junto a mí era quien había dejado salir al perro de la casa, en sus palabras: “justo suelto la perra y aparece ese otro perro”, como argumentando que si no hubiera sido por el otro perro no hubiera pasado nada.
A media cuadra de donde vivo también hay una persona que tiene la cotidiana costumbre de soltar sus perros para que estos salgan a divertirse en la calle, ensuciando veredas, desparramando basura, atravesándose a los conductores e incluso una vez un vecino tenía su perrito en la vereda, un caniche, y uno de estos perros lo atacó mordiéndole, y ahí, viendo que estaban las niñas dueñas del perrito, se apresuró en venir a preguntar si estaba bien, mientras ponía cara de, ¡qué barbaridad con este perro mío! Cuando la realidad es que si no hubiesen estado las niñas ni se hubiera molestado en venir, aparte de que por supuesto sus perros siguen siendo “soltados” a la calle como si estuviese correcto. Tal vez piensen esto pues al ver que todo el día deambulan no menos de diez perros por la cuadra, por qué los de ellos no deberían de hacerlo.
Otra cosa que ocurre, muy cerca de donde vivo existe un “estadio” de futbol, una o dos veces por semana hay partido y es una constante el estruendo de pirotecnia de esa que, si estás distraído, te arruga como frenada de gusano. Lo mismo cuando protestan por esto o aquello y empiezan a tirar bombas, muchísimos perros se aterran al escuchar los estruendos, causando la indignación de los propietarios que nos preocupamos por ellos. Lo gracioso es cuando ves a muchos de estos, hinchas y propietarios de perros sueltos, y que sueltan, lucir camisetas o banderas reclamando derechos que, según ellos, se merecen, pero, olvidándose completamente de los derechos de los demás al hacer lo que ellos hacen.
Es que lo de predicar con el ejemplo seguramente funciona en los papeles nomás. Nos gusta pensar que tenemos un país de primera rebosante de leyes que cuidan de, en lo que aquí importa, nuestros animales y en lo que me atañe mayormente, de nuestros perros. Se tiende a dar mucho destaque a participaciones mediocres en eventos internacionales como el que hubo hace poco en República Checa, con perros de búsqueda y rescate, estando correcto el resaltar del esfuerzo, pero no el resultado. Mismo cuando se ve en los informativos noticias que destacan que participó en el operativo el grupo K9 de tal o cual, cuando carece de relevancia alguna el trabajo. Parece que nos gusta pensar que estamos muy bien porque tenemos leyes que cuidan de los derechos de nuestros perros, o que tenemos una fabulosa operatividad canina a nivel internacional, cuando la realidad es que estamos soñando y no hay expectativas de despertar a corto plazo.
Lunes 13 de Octubre, 2025 296 vistas