Pasar al contenido principal

Policlínico Veterinario: Sebastián Fernández: “la eutanasia por agresividad es una medida a evaluarse caso a caso y con criterios técnicos”

Sebastián Fernández es el director y coordinador del Policlínico Veterinario del CENUR Litoral Norte (sede Salto) de la Universidad de la República (Udelar). Fernández abordó uno de los temas que ha generado preocupación y debate público en Salto y en el resto del país. El profesional sostuvo que el enfoque actual busca superar la clasificación general de determinadas razas como “potencialmente peligrosas” y poner el acento en los animales que, por sus características físicas, tamaño o comportamiento, requieren cuidados especiales y un manejo responsable.

CONSIDERAR EL  ENTORNO

A su entender, el problema no puede analizarse únicamente desde la raza del perro. Es necesario considerar las condiciones en las que vive, el entorno familiar, la socialización recibida, la educación, la supervisión y la capacidad de sus responsables para manejarlo adecuadamente. “Los perros no son agresivos per se”, explicó Fernández, al señalar que las respuestas agresivas pueden estar vinculadas a trastornos del comportamiento, problemas orgánicos o situaciones concretas que generan temor, dolor o una disputa por determinados recursos. Fernández advirtió que en ocasiones las familias incorporan animales cuyo tamaño y características no se corresponden con las condiciones de la vivienda, la composición del hogar o la experiencia de quienes estarán a cargo de su cuidado.

EVALUACIÓN TÉCNICA

La posibilidad de aplicar la eutanasia a un perro que protagoniza un ataque grave para Fernández esta medida no debe considerarse una consecuencia automática de cualquier mordedura, sino que cada situación requiere una evaluación específica. Cuando se producen lesiones graves, corresponde que el animal sea evaluado por un profesional, preferentemente con formación en etología, la disciplina que estudia el comportamiento animal. Esa valoración debe determinar si existen posibilidades reales de trabajar sobre la conducta del perro, mejorar su socialización y reducir el riesgo de nuevos episodios. La decisión, señaló, depende de las características del caso, de las posibilidades de intervención y de la evaluación técnica correspondiente. No todos los animales involucrados en incidentes deben ser sometidos a eutanasia, pero tampoco todos los casos permiten asegurar que una rehabilitación será viable.

Intervención del INBA y otras instituciones 

Ante un escenario de complejidad interviene el Instituto Nacional de Bienestar Animal (INBA), junto con los organismos competentes, cuando se registran ataques de estas características. En los casos graves también pueden intervenir el Ministerio de Salud Pública, el Ministerio del Interior y la Fiscalía, según las circunstancias. En el caso puntual del fallecimiento de la mujer atacada por un pitbull en Salto, la situación ameritó una intervención técnica e institucional, debido tanto a la gravedad de las lesiones como a las responsabilidades que pueden derivarse del episodio. Respecto a la eutanasia aplicada al animal involucrado en ese caso, la resolución estuvo vinculada a la valoración de que no existían condiciones viables para llevar adelante un proceso adecuado de resocialización. Este tipo de decisiones debe contemplar la intervención de los responsables del animal y las eventuales determinaciones judiciales que correspondan. 

¿Qué dice la normativa vigente sobre la tenencia responsable?

En Uruguay, la normativa no define una lista cerrada de razas prohibidas, sino que la Resolución N° 2/019 del MGAP y la Ley de Protección, Bienestar y Tenencia de Animales (Ley N.º 18.471) regulan a los Perros Potencialmente Peligrosos (PPP) en función de sus características físicas y comportamiento.

CRITERIOS

Los criterios que definen a un perro potencialmente peligroso: Según la reglamentación oficial, un can es considerado PPP si cumple con una o varias de las siguientes condiciones:

-Talla superior a los 25 kilos.

-Fuerte musculatura y apariencia robusta.

-Cabeza voluminosa y mandíbulas potentes.

-Agresividad sin provocación previa.

-Antecedentes de agresión constatada a personas o a otros animales.

-Haber sido adiestrados para el ataque o la defensa.

OBLIGACIONES PARA LOS DUEÑOS

Quienes tienen bajo su cuidado perros de estas características o entrenados para el ataque deben cumplir con normas de seguridad obligatorias en espacios públicos:

-Uso obligatorio de bozal.

-Uso de collar y correa de seguridad adecuados.

-Tomar todas las precauciones necesarias para evitar accidentes, mordeduras o ataques a terceros y otros animales.

5.000 mordeduras de perros al año

Salto se encuentra entre los departamentos con mayor cantidad de este tipo de episodios, aunque la cifra de 5000 ataques al año corresponde a todo el país en su conjunto y no constituye un registro departamental específico. Uno de los aspectos que más preocupa al profesional es que buena parte de los incidentes ocurre dentro del propio hogar y con perros que pertenecen a la familia o conviven habitualmente con las personas afectadas. Los niños y adolescentes menores de 14 años como uno de los grupos más involucrados en estos accidentes. Los menores pueden tener dificultades para reconocer las señales de incomodidad, miedo o tensión de un perro y no siempre identifican las situaciones en las que deben evitar acercarse al animal. Esto puede ocurrir, por ejemplo, cuando intentan tocarlo mientras come, quitarle un objeto o acercarse durante un momento de excitación o conflicto.