Por el Padre Martín Ponce De León
En aquella casa los problemas abundan. El mayor de los problemas es que muchos de los integrantes de esa familia tienen algunos problemas mentales. Diría un conocido: “No les gira bien el plato del microondas”
El año pasado, una de las hijas de la familia, se fue a vivir a la casa del novio. El novio, también, tiene sus dificultades mentales. Un día llegó, la muchacha, a la casa de sus padres, a compartir la noticia de que estaba embarazada. En la casa, donde vivía la muchacha, se encontró con una serie de realidades que le llevaron a pedir cobijo en la casa de sus padres.
Una pieza añadida y la casa se agrandó dando lugar a esa nueva familia que, con ansias, esperaba su primer hijo y su primer nieto. Cuando nació el niño surgieron algunas dificultades. No podía salir del hospital hasta que no solucionaran problemas como una cama para la pareja y una cuna para el niño.
Cuando esas dificultades se solucionaron es que brota una realidad difícil de asumir. Los padres del bebé no ofrecen garantías de poder asumir la responsabilidad del bebé y, por lo tanto, los abuelos maternos deben asumir la responsabilidad de ese niño. Los abuelos paternos no pueden estar en contacto con el bebé si no es con la presencia de los abuelos maternos. Deben continuar viviendo bajo el techo de los abuelos maternos. Ya era complicado y habría de complicarse un algo más. Allí no concluye el problema para ese niño recién nacido. Su abuela se opone a que el compañero de su hija viva, como hasta ahora, en la casa de ellos, por más que tengan una pieza aparte.
Para ella la solución es que su hija entregue a su nieto al organismo del Estado (INAU) y que su hija y su pareja se vayan a vivir a otro lado.
Frente a esa situación, uno se encuentra con diversas preguntas que no tienenrespuestas, pero, también, sin muchas palabras que puedan ser de alguna utilidad.
Sin lugar a dudas el centro de las miradas debe ponerse en ese niño que no eligió nacer en ese medio. Allí está con su inocencia y su futuro, creando un problemón que ni deseó ni buscó. No es una cosa que llegó y, como complica la vida, hay que descartarlo.
¿Qué es lo mejor, para ese niño recién nacido? ¿Podrá alguien tener una respuesta cierta para esa pregunta? ¿Los padres del bebé permitirán a los abuelos maternos asumir la tutoría del niño? ¿Podrán entender que no están capacitados para tal responsabilidad?
¿La presencia del compañero de su hija, en aquella casa, no será motivo de crecientes conflictos? ¿Podrá ser solución que los padres dejen al niño con sus abuelos maternos y abandonen la casa? ¿Se le puede pedir a la abuela materna que asuma una responsabilidad que no buscó ni pensó? ¿No hay suficientes complicaciones, en aquella casa, como para sumergirse en otra más? ¿Qué es lo mejor para esa familia?
Todas son preguntas que no tienen una respuesta clara y cierta.
Ante esta situación solamente queda rezar y poner todo en las manos de Dios. Es Él quien puede ayudar a que todo pueda resolverse de la mejor manera. Solamente puede saber la verdadera razón de toda esta situación. Solamente Él puede iluminar los corazones de cada uno de los involucrados para que puedan buscar “lo mejor” para ese bebé ya que, por resoluciones equivocadas, puede ser el gran perjudicado.
Uno podrá sentir que, ojalá, pudiese tener esa palabra justa que ayude a poder iluminar a todos los involucrados en el tema, pero, todos lo sabemos, esa palabra justa no existe ni será posible.
Poner en las manos de Dios un problemón que se acentúa cuando “No les gira bien el plato del microondas”
Sábado 18 de Abril, 2026 4 vistas