Pasar al contenido principal
Miércoles 26 de Noviembre, 2025 295 vistas

Salto entre obras, urgencias y cuentas pendientes

Por Pablo Vela
Salto atraviesa una etapa de transformaciones visibles. La intervención de calles, la renovación de plazas, la recuperación de la caminería rural y la apuesta al deporte y la vida pública en la costanera configuran un escenario de obras que, aunque generan molestias, responden a necesidades largamente postergadas. Para muchos vecinos, estas acciones implican recuperar espacios y funcionalidades que venían degradadas desde hace años.
En ese marco, el reciente anuncio de emergencia vial para la caminería rural reconoce algo que los productores conocen de sobra: la situación había llegado a un punto crítico. Los caminos rurales no solo son infraestructura; son la columna vertebral del sector productivo y, por extensión, del departamento. Declarar la emergencia es admitir la urgencia, pero también habilita herramientas para actuar más rápido y con más recursos.
A esto se suma el fideicomiso planteado ante la Junta Departamental por el intendente Carlos Albisu, pensado (en parte) para hacer frente a este crecimiento en la demanda de infraestructura. Es una apuesta financiera que busca asegurar fondos para acelerar las obras y sostener un ritmo que, de otra manera, sería imposible con presupuesto corriente. Pero también, y nadie lo oculta, es un instrumento necesario para cubrir obligaciones que la administración de Andrés Lima dejó pendientes; lo insólito o triste, como lo quiera definir el lector, es leer o escuchar críticas desde el Frente Amplio, sabedores del desastre financiero que dejaron, incumpliendo con innumerables acreedores, algunos de suficiente peso como para paralizar la Intendencia.
También el Frente Amplio sostiene que el gobierno actual opera sin un plan integral, que prioriza obras de alto impacto visual por encima de necesidades estructurales y que el fideicomiso implica endeudar al departamento para pagar tanto obras nuevas como deudas cuya naturaleza (dicen) no se ha explicado del todo. La oposición también cuestiona los tiempos, los criterios de contratación y la transparencia en la ejecución, aún sin saber los pormenores. El Frente Amplio siendo Frente Amplio una vez más.
Así, la discusión se vuelve menos técnica y más política: quien gestiona mejor, quien administra peor, quien tapa agujeros propios o ajenos. Y en el medio está la ciudadanía, que aprecia los avances, sufre las demoras y observa con desconfianza como cada obra termina convertida en un argumento partidario. Lo cierto es que los que hoy pretenden informar mal y demorar acciones del ejecutivo con debates sin sentido, deberán esperar 5 años para nuevamente saber qué es lo que la ciudadanía piensa  sobre éste gobierno. Lo sano sería sumar, no criticar, demorar, desinformar como deporte aunque a algunos no les queda otra manera de ser “conocidos”.
Lo central, sin embargo, trasciende los bandos: Salto necesita obras, necesita mantenimiento y necesita continuidad institucional. La infraestructura no debería ser rehén de la contienda política ni deudas viejas. El desafío es que el reconocimiento de la emergencia y el impulso del fideicomiso no se conviertan solo en herramientas coyunturales, sino en los cimientos de una política sostenida que sobreviva a los ciclos electorales.
Porque las calles, las plazas, los barrios, los caminos rurales y la costanera no son trofeos: son la base material de la calidad de vida de quienes viven y producen en Salto.