Por el Padre Martín Ponce De León
Una vez concluidos los días oficiales de carnaval, la Iglesia comienza un tiempo fuerte de oportunidades para llegar, debidamente, a la Pascua.
Es un tiempo de cuarenta días para intentar vivir la oportunidad de un sereno proceso de cambio motivados por el amor. Son cuarenta días donde el amor irrumpe con fuerza en nosotros y nos regala la oportunidad de un intento.
No es (según mi entender) un tiempo gris o desprovisto de colores, ya que es un tiempo donde, motivados por el amor, nos involucramos en el intento de un cambio conforme al amor. Las cosas de Dios siempre dicen de amor y la cuaresma (cuarenta días antes de la Pascua) no deben ser una excepción a ello.
Se nos invita a intentar un cambio conforme a nuestra experiencia personal del amor de Dios en nuestras vidas, conforme Jesús.
Dios, un día, quiso humanizarse para que, en la persona de Jesús, según los relatos evangélicos, podamos descubrir su esencia y hacer vida sus valores. Jesús no nos deja otra cosa que un estilo de vida que podemos hacer nuestro para realizarnos como seres humanos. Para ello, no es suficiente que intentemos convertirnos “a Cristo”, sino que debemos intentar convertirnos “en Cristo”
Por ello, año a año, la Iglesia nos propone la oportunidad de este tiempo de cuaresma. Un tiempo donde, mirando a Jesús, intentamos incorporar, de lo suyo, en nuestra realidad.
Todo lo de Jesús nos dice de una postura existencial en nuestra relación con Dios, con su Reino y con los demás.
Lo de Jesús es tan evidente que no podemos andar inventando nuestros caminos de cambio, ni limitarnos a propósitos que se queden en realidades individualistas. Lo de Jesús siempre dice de un salir a la intemperie y relacionarnos con Dios y con los demás.
Por eso, este tiempo de cuaresma, debe ser una oportunidad para mirarle y mirarnos. Mirarle para descubrirle, mirarnos para asumir nuestra realidad.
No podemos quedarnos con la visión de Jesús que podemos tener desde hace mucho tiempo. Como persona viva, siempre está renovándose y mostrándonos aspectos de su realidad que, tal vez, muchas veces no hemos tenido en cuenta o nos parecía secundario.
A Jesús necesitamos verlo como una realidad por descubrir y, por lo tanto, mirarlo desde nuestra realidad actual. A nosotros debemos vernos como seres en un permanente
proceso de crecimiento desde nuestra realidad cotidiana. Es en esa doble visión que debemos realizar nuestra oportunidad de cambiar en alguna de esas realidades que no nos permiten identificarnos con Jesús para poder relacionarnos, con lo que nos rodea, como lo hizo Él.
Miramos a Jesús desde el estilo de vida que nos propone y miramos nuestro estilo de vida y nos habremos de encontrar con distancias que deberemos, intentar, acortar. Lo de Jesús, no es una utopía, sino que es una humanidad que se nos propone como posible porque realizable y accesible para nuestra condición personal.
Es por ello que este tiempo es una oportunidad para mejorar, en el ejercicio de nuestra condición humana, aquí y ahora.
Como cristianos no vivimos alejados de la realidad o distantes del tener los pies sobre la tierra. La oportunidad que se nos brinda, en esta cuaresma, está colmada de cotidianidad y relaciones. Es allí donde debemos hacer crecer el amor que podemos experimentar cada día. Cuando mirando a Jesús, nos sentimos mimados por Dios y necesarios para la construcción del Reino de Dios.
Sábado 21 de Febrero, 2026 152 vistas