Por Carlos Silva
Volver no es retroceder. Volver es traer a la vida lo mejor de nuestra identidad mientras seguimos avanzando. En Salto, el presente y el futuro se construyen reavivando aquello que nos hacía vibrar: el orgullo de ser salteños. Hoy volvemos a llenar nuestras calles de vida, recuperando tradiciones y espacios que nos unen, con la mirada firme en todo lo que aún podemos construir.
Volver se conjuga en plural. Volvieron las murgas; el año pasado apenas una sola sostenía la tradición, este carnaval fueron seis las que llenaron de color, música y alegría nuestros barrios. Volvió el gran carnaval popular, el de las familias reunidas, el de los niños corriendo entre risas y el de los vecinos que recuperan la costumbre de encontrarse. No es un detalle menor: cuando la cultura vuelve a las calles, también vuelve la convivencia.
Volver es también recuperar los espacios públicos. Plazas limpias, ordenadas y cuidadas, lugares donde la gente quiere estar y donde las familias vuelven a apropiarse de lo que siempre les perteneció. Un gobierno que cuida lo común transmite respeto, genera sentido de pertenencia y fortalece el tejido social. Volvió la familia a ser parte de todos los espacios públicos.
Volver se siente en nuestras termas colmadas de visitantes, en el movimiento del comercio local y en la energía que se respira cuando la ciudad se activa. Durante años hablamos del enorme potencial turístico de Salto; hoy comenzamos a verlo reflejado en una mayor presencia de turistas y en una comunidad que redescubre el valor de recibirlos. Cuando Salto se muestra hospitalaria, gana la ciudad y ganan todos.
Volver es, también, recuperar el orgullo. Orgullo por nuestra historia, por nuestra identidad y por la capacidad de salir adelante cuando trabajamos juntos. Volvió la cultura, con eventos todas las semanas y para todos los gustos y públicos; se siente el nuevo empuje cultural que es parte fundamental de nuestra rica historia.
Volver es también reencontrarnos con el valor del trabajo y del esfuerzo colectivo. Vuelve el vecino que apuesta por su barrio, vuelve el comerciante que confía y levanta su cortina cada mañana, vuelve el emprendedor que decide invertir porque percibe un clima distinto. Cuando una ciudad recupera la confianza, vuelven las ganas de quedarse, de proyectar y de construir futuro. Y esa confianza, silenciosa pero firme, es uno de los motores más poderosos para el desarrollo.
Pero volver no es quedarse en la nostalgia. Volver es proyectar. Es sentar bases para una ciudad más moderna, más limpia, más activa culturalmente y con más oportunidades. Es apostar a los eventos que convocan a la familia, a la recuperación del espacio público como lugar de encuentro y a una gestión que entienda que el desarrollo también se construye fortaleciendo la convivencia y la identidad.
Salto está volviendo. Volviendo a creer, a encontrarse, a mostrarse orgullosa de sí misma. Y en ese volver hay pasado, hay presente y, sobre todo, hay futuro. Porque cuando una comunidad recupera lo mejor de su esencia, no vuelve atrás: empieza, definitivamente, a avanzar.
Miércoles 25 de Febrero, 2026 154 vistas