Por Pablo Bonet Cabrera
La propia palabra Fideicomiso no es muy marketinera realmente, pero en nuestro departamento tiene un contexto que la hace aún más chocante.
En el año 2015, se autorizó el denominado Fideicomiso Daymán por unos 40 millones de dólares con el objetivo de reestructurar pasivos, cancelar deudas con proveedores y adquirir maquinarias.
Pasados 10 años de gestión frenteamplista, el gobierno que asumió en Junio de 2015 se encontró con más deudas, una ciudad destruida, una administración desordenada, maquinaria destrozada y un patrimonio afectado.
El objetivo de ese fideicomiso no se cumplió, todo lo contario, Salto se endeudó, se destrozó, se mal administro y se entregó la gestión mucho peor de la recibida.
Hoy se inicia una nueva historia a través de un nuevo fideicomiso y por razones muy entendibles, los frenteamplistas lo ven como algo negativo.
Su lógica administrativa lleva a que no entiendan como se puede manejar un financiamiento a largo plazo de forma eficiente.
Los resultados de 10 años de pésimo manejo de las finanzas y los recursos departamentales, incluso con ingresos crecientes de las partidas nacionales, le limitan sus posibilidades de comprender que hay otras formas de administrar la Intendencia.
Es comprensible que, quienes no supieron aprovechar los recursos para sacar a Salto adelante, hoy razonen dentro de sus propios márgenes.
Pero este fideicomiso, firmado por la actual administración, nació muy diferente al Daymán. Por primera vez es producto de una licitación pública donde tres empresas compitieron para ofrecer mejores productos.
Esto redundó en que este nuevo fideicomiso tenga un interés anual de 3,88% comparado con el 7% del Daymán. Esto implica que al final de la historia, la Intendencia pague varios millones de dólares menos que si el interés fuera en mismo que firmado hace 10 años.
Por otro lado, este fideicomiso será destinado en un 60% a obras, algo muy diferente al destino del Daymán que se destinó a pago de sueldos y compra de maquinarias, como así también al pago de deudas y de proveedores. Pasaron 10 años y las deudas son superiores, las maquinarias fueron entregadas destrozadas, la ciudad en estado crítico y el departamento abandonado. O sea, no se pudo resolver el tema en lo más mínimo.
Es por eso que hablarle a un frenteamplista de fideicomiso es como si tuviera una pesadilla recurrente.
Esto provoca en ellos miedos y temores razonables, producto de sus propias malas experiencias. Como no pueden hacer referencia a ellas, le otorgan a la actual administración, las acciones que ellos llevaron adelante. Parece un razonamiento mas psicológico que político, pero es así. No conocen otra forma de administrar los recursos que hacerlo mal.
Este fideicomiso, al que tanto temen, tendrá además un constante control de las entidades públicas. En este sentido, el director general de Hacienda, el economista Nicolás Irigoyen fue muy claro, “Para garantizar la sostenibilidad, esto debe ir acompañado de una política fiscal consistente: presupuesto realista, disciplina del gasto, orden en las compras y programación financiera ajustada a los ingresos reales. Además, el fideicomiso cuenta con rigurosos controles: los fondos son administrados exclusivamente por RAFISA con respaldo del BROU, bajo auditorías técnicas y supervisión del BCU y la Junta Departamental. El éxito no se medirá solo por los recursos que ingresen hoy, sino por nuestra capacidad de que la Intendencia no vuelva a generar un stock de deuda de estas características”.
No solo este fideicomiso es diferente al anterior (Daymán) sino que además y fundamentalmente, quienes lo van a administrar y controlar, tienen una formación y responsabilidad tremendamente superior.
Sábado 22 de Agosto, 2026 185 vistas