Por el Padre Martín Ponce De León
Sin lugar a dudas la lluvia ha sido un tema recurrente en estos días. Mientras tanto los distintos espacios se ven alterados por su presencia constante.
Mirando hacia adelante, resulta preocupante las consecuencias que podrá tener la presencia del “Súper niño” o del “Niño Gotzila”
Creo que, por primera vez, se mira hacia adelante y se experimenta la necesidad de tomar precauciones. Lo previsible no puede tomarse como una sorpresa, sino que debe encontrarnos preparados para esa posible respuesta que deberá darse. Es evidente que, ojalá, todos los anuncios no lleguen a darse y la posible respuesta quede almacenada en los cajones de lo no utilizado.
Pese a que algunos prominentes personajes del hoy sostienen que lo del cambio climático no es real o es un invento de algunos medios interesados en que ello sea tomado como real, nos encontramos ante una realidad que no podemos no observar con atención.
Me vienen a la memoria dos anécdotas que no se pueden repetir. Un grupo de jóvenes consultaron a una persona, sobre la conveniencia o no, de realizar un campamento a la orilla de un arroyo. La persona les dijo que lo hicieran puesto que solamente se esperaban unas pequeñas lloviznas. Acamparon y las lluvias fueron de tal magnitud que debieron salir del campamento dejando, bajo agua, el vehículo en el que se trasladaban.
La otra anécdota se refiere a la consulta, a una persona que tenía un gran gusto por todo lo que hacía referencia al clima, sobre la lluvia de esos días a lo que contestó que no había que afligirse puesto que eran, “solamente, unas nubes pasajeras”. Esas nubes demoran tres meses en hacer y terminar su pasaje dejando las consecuencias de las inundaciones del 59.
En oportunidades los medios nos informan de advertencias climáticas y no le prestamos atención puesto que “Aquí no pasó nada”. Como si dichas advertencias hicieran referencia al patio de nuestra casa. Ni siquiera se nos ocurre dar gracias de que no hayasido en nuestro entorno, por más que nos enteremos que, en alguna otra parte, se diera lo anunciado.
Ante estas lluvias es bueno poner nuestra mirada un poco más allá de nuestras cuatro paredes. Estaría muy bueno que ello nos sirviera para, aunque más no sea, para pensar en lo que deben vivir otros,
Calles sin asfalto y piso de tierra. Paredes de costaneros y techos recubiertos de nylon. Niños que deben jugar dentro de la casa por más quese mojen y ensucien. Ropa que cuelga dentro de la casa con la esperanza de que se puedan secar por más que no hagan otra cosa que aumentar la humedad interior.
“Ya se nos está terminando la ropa seca” “El único lugar seco es arriba de las camas y, allí, pasan el día” “Esta lluvia no moja, pero enferma” “Con esta lluvia no hay changa posible. Hace varios días que no trabajamos y, por lo tanto, no ganamos un peso” son algunas manifestaciones con las que uno tiene la oportunidad de encontrarse y que ayudan a que se mire la lluvia con otros ojos.
¿Cómo no agradecer el hecho de que uno viva entre cuatro paredes y las mismas hacen que la lluvia se mantenga fuera? ¿Cómo no agradecer el que uno pueda ponerse de pie en su cuarto y el mismo no tenga un piso de barro sobre el que pararse?
Así podría continuar realizando un elenco de situaciones que nos debería hacer un acto de gratitud ante lo que viven, muy cerca de nosotros, otros coterráneos. Somos privilegiados y nos olvidamos de tal realidad. Miremos la lluvia y no nos encerremos en nosotros.
Sábado 29 de Agosto, 2026 112 vistas