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Lunes 31 de Agosto, 2026 20 vistas

Nuestra cruz de cada día

Por el Padre Martín Ponce De León
En oportunidades se escucha hablar de "la cruz" a esa realidad circunstancial que suele aparecer en la vida.Una enfermedad suele señalarse como "la cruz" que hay que vivir.
Algún conflicto familiar suele ser "la cruz" que se debe cargar.Podría seguir señalando realidades similares para preguntarme si es a ello a lo que hacen referencia los relatos evangélicos cuando hacen referencia a "la cruz de cada día"
Cuando identificamos "la cruz" con lo difícil, lo doloroso o lo trágico estamos mirando igual que aquellos que solamente ven en la cruz de Jesús el instrumento de su muerte.
Sería muy masoquista de nuestra parte colgar de nuestro pecho el instrumento que nos recuerde el lugar donde murió ese ser al que queremos.
La cruz de Jesús desprovista del amor allí expresado no es más que un instrumento de muerte.Era, para los contemporáneos de Jesús, el mayor instrumento de sufrimientos extremos, larga agonía y muerte segura.¿Es eso lo que cargamos sobre el pecho o el signo de nuestro cristianismo? Sin duda que no.
Jesús transforma el instrumento del dolor en un instrumento del amor.Debemos saber ver en la cruz la manifestación del cuánto nos amó Jesús.
Es allí donde encontramos la más acabada manifestación del cómo debe ser el amor cristiano.Cuando, los cristianos, necesitamos visualizar nuestro amor necesario se hace mirar a Jesús en la cruz. "No hay mayor amor que el dar la vida por los amigos"
"La cruz de cada día" no puede ser una realidad más cercana al sufrimiento que al amor.
Debe ser un prolongado y cotidiano acto de amor.Por ello, entiendo yo, "la cruz de cada día" es una realidad que está impregnada de amor de Dios para con nosotros y de nosotros para con Él."La cruz de cada día" es, sin dudarlo, algo que hace a nuestra esencia de cristianos.
Los relatos evangélicos nos la presentan como realidad esencial para poder vivir a pleno nuestra condición de cristianos.¿Qué es ser cristianos? Es ser prolongadores de Cristo desde nuestras actividades cotidianas.La vivencia cristiana se nutre de prácticas y se manifiesta desde lo que cada uno es.
Sin duda que cada uno ha de decir que está lejos de ser, con su vida diaria, Cristo para los demás.Sinembargo, Dios, que nos eligió como cristianos, nos confía esa tarea cotidianamente.Allí está "la cruz de cada día".
Saber que, con amor, se nos confía una responsabilidad que va mucho más allá de nuestras limitadas capacidades.Saber que, con amor, debemos intentar ser lo más coherentes posibles para cumplir nuestra responsabilidad.No se nos pide la perfección sino el empeño constante y cotidiano.
Cada uno de nosotros debemos asumir nuestra realidad con verdad y coraje puesto que es desde esa realidad que hacemos nuestro intento cotidiano.No podemos partir de lo que nos gustaría ser ni de la meta que podemos establecer. Partimos de nuestra realidad.
Una realidad que, en muchas oportunidades, no posee respuestas para brindar.Una realidad que, en ocasiones, nos desconcierta o no llegamos a entenderla plenamente.
Nuestra realidad no es tan simple como "dos más dos"Nuestra realidad es, en oportunidades, uno o tres como resultado de tal suma.
Por ello es que cada día debemos asumirnos y asumir el desafío de intentar ser lo más cristianos posibles.
Ese intento solamente posee verdad cuando lo que nos mueve es el amor a Dios y los demás.
No es posible intentar ser más coherente por un simple motivo individualista.
No es posible que ese nuestro intento se limite a una realidad interior.
Por ello cargar la cruz es un acto de amor como lo fue para Jesús.