Por el Dr. César Suárez
He comprobado que cada objeto que existe, cada actitud, cada conducta, cada acción, cada acontecimiento tienen un nombre que los califica para poderlo identificar y para poder comunicar a los demás acerca de que es de lo que se está hablando, más diría, suelen existir varias manera de nombrar cada cosa en todos estos rubros marcados, algunos son términos cotidianos de uso corriente y otros son palabras que nos resultan raras, que nunca las hemos oídos y si las escuchamos no sabemos a qué se refieren.
En ocasiones cuando no sabemos o no encontramos la palabra exacta, aparecen algunas palabras mágicas que representan a los nombres de todo lo que sea, "la cosa, el coso, el cosito, seguido de una descripción, expresiones que suelen repetirse frente al mostrador de una ferretería.
Pero hoy no hablaré de cosas físicas si no de actitudes que son casi epidémicas en nuestra sociedad y que consisten en posponer o retrasar en forma casi permanente algo de debemos hacer ahora o deberíamos haber hecho hace tiempo, postergando en forma reiterada algo que la realidad o mis proyectos requieren con urgencia.
En lenguaje coloquial, solemos calificar a esas personas de "boludos" que se "boludean", términos del lunfardo argentino que hemos incorporado nosotros y que tiene diferentes significados de acuerdo al tono con que se dice y de acuerdo al contexto.
He escuchado, frecuentemente, en el lenguaje coloquial de Argentina y que repiten ahora nuestros jóvenes, "pará boludo, no seas boludo, boludo" con diferente tonalidad y que entre amigos no significa un insulto sino más bien una expresión cariñosa ante una determinada actitud o comentario, diferente es tono cuando se trata de discusiones en las calles desde el volante de un vehículo en maniobras del tránsito donde la misma palabra pasa a ser un verdadero insulto.
Pero hay otra palabra para calificar a quienes postergan todo lo necesario para consumir el su tiempo en "boludeces" y que se suele usar ahora con más frecuencia pero que pocos entiendes lo que significa. Se trata de la palabra proscatinar que se define como la acción o el hábito de posponer o retrasar intencionalmente, tareas, obligaciones o decisiones, sustituyéndolas por otras actividades, más placenteras o menos urgentes, lo que suele generar con menor o mayor intensidad una sensación frustración que llega cuando uno ha perdido tiempo que necesitaba para realizar los necesario.
Los ejemplos sobran y la frase que representa todo esto, "el lunes empiezo" que en general no se concreta y los lunes pasan, uno tras otro y la sensación de culpa y de auto reproche crece.
La proscatinación posterga proyectos, logros, aspiraciones, pero suele incidir en las demás personas que forman parte de la misma unidad familiar o en los compañeros de tarea cuando se trabaja en una empresa o en un proyecto.
A mí me suele pasar al revés, me cuesta soportar la ansiedad de no resolver cada responsabilidad a tiempo o con la mayor antelación posible, aunque a esta altura no sé que es peor, si la obsesión de estar alerta para cumplir en forma anticipada con cada una de las obligaciones que me impongo o la capacidad de dejar pasar sin angustia y disfrutar de cada momento, aunque los proyectos terminen por atrasarse o no concretarse jamás, pero la culpa de proscatinar me carcome mucho más que la obsesión de la adelantarme a los acontecimientos, que me persigue y no me suelta.
Domingo 19 de Julio, 2026 6 vistas