Por Myriam Puiggrós
Psicóloga Sexóloga
Todas las personas hemos sido educadas dentro de un modelo de relaciones afectivo-sexuales basado en el ideal de exclusividad entre dos. Las mismas unidas en matrimonio o concubinato. Este tipo de unión recibe el nombre de monogamia.
Amar a más de una persona es una realidad que puede ocurrir en la vida. El amor es un sentimiento complejo, multifacético, y existen diferentes maneras de amar. Este tema nos interpela ya que las redes nos acercan otros planteos. Es así que escuchamos hablar del poliamor. Se trata de una forma de relación en la cual se establece y se consiente la posibilidad de tener múltiples relaciones amorosas simultáneas. En este enfoque, se promueve la comunicación abierta, la honestidad y el consentimiento de todas las partes.
El amor no exclusivo es aquel que algunas personas pueden experimentar de manera no exclusiva. Esto significa que sienten afecto y amor hacia múltiples personas pudiendo no establecer relaciones románticas o sexuales exclusivas con ninguna de ellas. Se valora la conexión emocional y la capacidad de amar sin restricciones.
Se ha hablado del amor platónico. Éste, caracterizado por establecer conexiones emocionales profundas sin involucrar una atracción sexual o romántica.
Hablamos de polifidelidad, cuando implica tener múltiples relaciones románticas o sexuales, dentro de un acuerdo establecido en el cual todas las partes están comprometidas a ser exclusivas entre sí. Un grupo cerrado, con compromiso y no se avalan relaciones fuera del mismo.
Las parejas abiertas son aquellas que abren la relación a otros encuentros sexuales sin poner en riesgo la cohesión emocional entre sí.
Aparecen otros modelos de relacionamiento afectivo sexuales.
El amor y el deseo, pueden no siempre ir de la mano, son algo complejo y fluido. Cada individuo puede experimentar y expresar el amor de manera única. No hay una forma correcta o incorrecta de hacerlo. Lo importante son relaciones amorosas, basadas en el respeto, la comunicación, el cuidado mutuo y la honestidad.
En estos temas nuestra sociedad se luce en su hipocresía. Algunas personas acusan a aquellas que aceptan el desafío de abrir su pareja, cuando en muchas ocasiones ellas mismas han tenido sus aventuras amorosas por fuera.
Es necesaria la reflexión acerca de nuestras necesidades, deseos y acuerdos. Estos deben ser verbalizados dentro de la relación.
¿Acaso las personas que se reservan el derecho a tener otra relación en secreto no están negando la misma posibilidad a su compañero/a? ¿Porqué no afrontamos estás charlas incómodas y necesarias? ¿El trasfondo no será hacer uso de una libertad que temo otorgarle al otro/a?
Deconstrucción de la monogamia
Esta perspectiva cuestiona y desafía las normas sociales y culturales que promueven la idea de la monogamia como la única, válida y aceptable. Busca replantear las concepciones tradicionales examinando críticamente sus supuestos y limitaciones.
Se plantea que las personas tienen la capacidad de amar/desear a más de una y explorar relaciones no monógamas, siempre y cuando las partes involucradas estén de acuerdo. La comunicación tiene que ser abierta y honesta.
Las relaciones fuera de la pareja han existido y han sido un tabú que nos enseñaron y obligaron a ignorar.
Se cuestiona la idea de posesión en las relaciones amorosas. Se fomenta la autonomía y el respeto mutuo en todas las formas de relaciones afectivas. Sabemos de la doble moral y su hipocresía. Algunas personas esperan exclusividad en su relación, mientras no aplican la misma norma a sí mismas. Se juzga de diferente manera la infidelidad del hombre y la mujer. Los prejuicios llevan a creer que la mujer siempre lo “hace por amor” y por ello representa un mayor riesgo y traición su infidelidad. Cuando se trata del varón, suele salir del paso con la afirmación “fue sólo sexo”, como si eso le eximiera del engaño y en muchos casos recae la responsabilidad en la otra mujer con el consabido “ella lo buscó”.
La deconstrucción de la monogamia no significa que todas las relaciones deban ser no monógamas. Busca la reflexión sobre nuevas formas de relacionarse, brindando mayor libertad y opciones a las personas para diseñar sus propias estructuras relacionales. Las mismas serán de acuerdo con sus necesidades consensuadas con las de su pareja o futura relación/ es. El cuestionamiento apunta a la monogamia como elección personal, libre, responsable, auténtica. No la adhesión, como mandato moral obligatorio, para luego incumplirlo. Conocer nuestras necesidades vinculares y afrontar que las mismas pueden modificarse, interpela nuestra madurez y valentía.
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