jueves 30 de mayo, 2024
  • 8 am

Productores perdieron hasta el 60% de los rendimientos del maíz en el norte

En el norte del país, Artigas, Salto y Paysandú, se ha comenzado a escuchar varios comentarios sobre los impactos negativos sobre los cultivos de maíz, por «el ataque de la chicharrita» según mencionaron algunos productores. En un caso puntual en la zona de Talas de Itapebí en Salto, un productor señaló que tras la visita de varios técnicos las expectativas de rendimientos han disminuido hasta un 60% y se adjudica esta situación a la siroplasmosis transmitida por el insecto.
Carlos Borghi, integrante de la firma Agrofuturo, dijo que la siroplasmosis en los cultivos de maíz, transmitida por una chicharrita, ha generado alarmantes consecuencias en las cosechas del cereal.
Borghi explicó que la siroplasmosis es transmitida por un hemíptero, perteneciente a la familia de las chinches y chicharras. Aunque diminuto, este insecto puede resultar devastador para los cultivos de maíz. «En el cultivo tenés que caminar y y se ve como una mosquita blanca que vuela y cuando para, ahí recién podés percibirla» dijo. Se alimenta de la savia de las plantas, propagando así un complejo de virus que debilita y reduce el rendimiento de los cultivos.
El ciclo de vida de este insecto dura aproximadamente entre 18 y 20 días, durante los cuales una hembra puede poner hasta 500 huevos. La rápida propagación de la plaga está influenciada por las condiciones climáticas, siendo las temperaturas un factor determinante.
Los síntomas más evidentes de la siroplasmosis incluyen el raquitismo de las plantas y la desincronización fisiológica, que resulta en una producción anormal de espigas de maíz. En el caso del «virus llamado espiroplasma», la consecuencia directa es que «la planta no crece, detiene su crecimiento y por lo tanto no sale la espiga directamente» dijo el profesional, quien agregó que a las plantas que las afecta con una desincronización fisiológica, «lo que se ve en el campo, son plantas de maíz con 4, 5, 6 y hasta ocho espigas, que después no dan grano». Esta situación conlleva a una drástica reducción en la producción de granos, afectando significativamente el rendimiento esperado.
Borghi señaló que, aunque los cultivos de maíz de primera no se vieron tan afectados este año debido a las condiciones climáticas, los de segunda sí sufrieron graves daños. Explicó que los daños principales se dan en las etapas vegetativas, donde es prácticamente invisible el daño, que luego si se puede observar claramente en la etapa reproductiva de la planta. Este año se dio que «estas poblaciones se multiplicaron en los maíces de primera y toda esa carga de insectos infectados afectaron la fase temprana de los maíces de segunda» dijo Borghi.
En cuanto a las medidas de control, Borghi mencionó la importancia del manejo integrado, que incluye tratamientos de semillas con insecticidas durante la fase temprana de implantación. Sin embargo, señaló que aún falta validar la efectividad de ciertos métodos de control químico. Respecto a la elección de la genética del cultivo, indicó que «es algo más lento y una solución a largo plazo», el profesional señaló que «todos los híbridos del mercado hoy, no creo que haya alguno con tolerancia absoluta, puede haber algunos más tolerantes o no, eso no lo tenemos comprobado, ni validado», por lo que seguramente esta herramienta será una opción, pero a largo y mediano plazo.
Para enfrentar esta amenaza, el año que viene, Borghi recomienda la siembra del cultivo de primera «con temperaturas que no favorezcan el desarrollo de estas poblaciones de insectos» y la rotación con otros cultivos como el sorgo. Al finalizar enfatizó la importancia de evitar la escalonización en las siembras y evaluar la utilización de híbridos más tolerantes a la plaga, cuando los mismos estén disponibles.