Por Pablo Perna
En la antigua Roma se acuñó la palabra latina “panem et circenses”; tiene sus orígenes en las maniobras disuasivas que el emperador junto al Senado utilizaban para manipular al pueblo, mientras ellos gozaban de privilegios y riquezas a la plebe ignorante, que eran la mayoría, les repartían diariamente trigo para que pudieran hacerse el pan y la posibilidad de acudir al Coliseo para ver las peleas de gladiadores y como animales salvajes devoraban a los enemigos del imperio. La plebe se alegraba por sus gobernantes, porque no eran capaces de percibir la miseria que percibían a cambio del poder absoluto y tiránico de los nobles. Roma ha caído hace siglos, pero muchos gobernantes han seguido aplicando hasta hoy políticas de pan y circo.
En nuestra aldea el intendente Lima en diez años de gobierno no ha podido arreglar ni siquiera las calles y pozos, por lo que todos los días tenemos accidentes viales y muertes a doquier, sin contar los perjuicios económicos por las averías de los vehículos. No ha podido mantener el desempleo en los índices más bajos del país como históricamente ha tenido Salto desde antes que asumiera. No ha podido mantener al comercio formal, por lo que calle Uruguay mantiene record de locales vacios para alquilar, cerrando hasta el histórico “Alfredito”. No ha podido controlar el informalismo, en los bagashopping existen 280 locales alquilados por Ferro Carril, pero existen 250 locales más que han invadido las veredas y que se venden a 20.000 dólares en negro, que debía controlar la Intendencia y que recién ahora por la denuncia en Diario Cambio dicen que saldrán a fiscalizar.
Lima en diez años de gobierno transformó a Salto, en una ciudad hermosa en una ciudad del pesimismo, no pudiendo frenar los suicidios teniendo un promedio de tres salteños por mes que nos abandonan; sin perjuicio que públicamente anunció que había abierto una clínica de salud mental y de adicciones para prevención del suicidio, lo que era falso, mintió con un tema tan sensible. No ha podido controlar los asentamientos irregulares, donde hoy hay más de 20, con 600 familias sin saneamiento, luz y agua, y van en aumento, el “Puente Blanco” es fiel ejemplo de ello. No ha podido solucionar el basurero a cielo abierto, transformando entre otras cosas en la ciudad más sucias del interior, solo superada por Montevideo. No ha podido mantener abierto el hogar para mujeres víctimas de violencia domestica, evitando reducir el femicidio.
Lima no pudo hacer funcionar el parque agroindustrial que fue diseñado e inaugurado hace más de 20 años por Malaquina padre. Lima en una ciudad turística cerró el zoológico y no pudo abrir otro parque de atracción en sustitución; cerró el Hotel de Termas del Arapey y no pudo mantener los caminos de ingresos, ni los jardines, fuentes y piscinas de manera decorosa, transformando las termas en turismo aventura para los que se hospedan en los hoteles 5 estrellas, construidos en administraciones coloradas. No pudo mantener abierto 7 días de la semana a las termas del Daymán. Cerró el Ateneo y cerró los museos, no siendo capaz ni siquiera de evitar los roben de las reliquias históricas.
Lima finaliza su Gobierno y en pleno año electoral culmina obras espectaculares en la Costanera Norte que debió de haberlas hecho en cinco meses del año 2019, se demoró 5 años en hacerlas; recién ahora tapa pozos masivamente e ilumina calle Uruguay, apagada hace diez años; y para despedir el año prende su pino de navidad de siete pisos de altura en plaza Treinta y Tres, conglomerando a miles de salteños alegres por la iluminación y por los espectáculos musicales contratados para la ocasión. Ante tanta incredulidad y poca reacción de actores sociales y políticos, me pregunto: ¿Nos estamos pareciendo a la plebe del imperio romana?
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