Miércoles 12 de agosto, 2020
  • 8 am

Felicidades

César Suárez
Por

César Suárez

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Por el Dr. César Suárez
En estos días festivos que se reiteran en cada fin de año el término “felicidades” se transforma en una suerte de muletilla que se repite insistentemente cada vez que nos cruzamos con alguien como una expresión de deseo hacia las personas a las que apreciamos.
Felicidad es un término que define una sensación al que todo el mundo aspira y que se genera por la satisfacción vinculado al bienestar emocional y/o físico que cumple o supera las expectativas de una persona.
Es frecuente escuchar a alguien asegurar que un determinado acontecimiento lo ha hecho la persona más feliz del mundo, sin embargo no hay forma de medir la escala de la felicidad o quien es o ha sido más feliz que otra persona, la felicidad es una sensación personal, es un sentimiento que no está necesariamente relacionada con la dimensión de un determinado acontecimiento y cada episodio de felicidad suele ser transitorio, pasajero que se va desgastando con el hastío, con el aburrimiento, con el cansancio, para tener que ser sustituido por otro acontecimiento.
La felicidad es una construcción intelectual que está sujeta al cumplimiento de un objetivo o la aparición de un acontecimiento que satisface la escala de valores que cada uno se ha construido, un acontecimiento que a alguien lo hace muy feliz, para otra persona puede ser suceso banal que no le mueve sus emociones por consiguiente esa emoción depende de los objetivos que cada uno se haya trazado y la necesidad o la obsesión que tenga por cumplirlo.
La desdicha, el infortunio o la desgracia son sentimientos desagradables y en ocasiones, la felicidad es recuperar parte de lo perdido aunque sea menos de lo que teníamos cuando no nos sentíamos tan felices por lo tanto la felicidad es una consecuencia de una elaboración mental que se podría sintetizar en la frase “no se conforma el que no quiere”
Habitualmente, las personas no se detienen a valorar todo lo bueno que les pasa o de lo que disponen y recién toman dimensión de su suerte cuando se está en riesgo de perderse o cuando se ha perdido. Recuperar parte de lo perdido frecuentemente genera más felicidad que cuando se tenía el todo.
Se ha escrito y dicho infinidad de cosas acerca de la felicidad en largos relatos o en cortas sentencias “el dinero no compra la felicidad”, “hay una sola forma de felicidad en la vida: amar y ser amado” “la felicidad está hecha para ser compartida, si no, no es felicidad”,” El secreto para tener felicidad es tener algo que hacer”, “no importa donde vayas, ahí estás tú”, “la felicidad está dentro de uno no al lado de alguien”, “la felicidad no está afuera, está dentro de nosotros”, “la felicidad de nuestras vidas dependen de la calidad de nuestros pensamientos”, “la felicidad no es algo que esté hecho, emana de nuestras propias acciones”, “nadie puede herirme sin mi permiso”, “de vez en cuando es útil detener la búsqueda de la felicidad y simplemente ser feliz”, “la felicidad es sólo real cuando se comparte”, “ si tu felicidad depende de alguien, siempre está en riesgo”.
Todas estas frases alguien las dijo en algún momento y quedaron registradas como la síntesis del pensamiento de personas que reflexionaron acerca de este concepto y es probable que muchos se sientan identificados con alguna o varias de ellas.
La felicidad es un estado emocional sólo valorable por quien la percibe porque no hay manera de trasmitir a otra persona la percepción personal en forma íntegra y total, a lo sumo se podrá relatar o mostrar con gestos pero la íntima sensación es personal es inescrutable
Si duda, la felicidad depende de los insumos que ofrece el entorno pero debe ser cada uno el que la construye ese equilibrio sabiendo interpretar que cosas están al alcance, intentando racionalizar pacientemente las estrategias para pelear por lo que parece inalcanzable.
Las circunstancias de la vida son muy aleatorias y los acontecimientos no necesariamente transitan por los senderos que cada uno desea, los sentimientos personales tienen altibajos, los afectos que cada uno cultiva son la clave para ese equilibrio necesario para tener un saldo favorable a la hora de evaluar el promedio de nuestras sensaciones personales en nuestra vida cotidiana.
Para no ser menos que todo el mundo, les envío a todos un sincero deseo de felicidad.