Miércoles 29 de enero, 2020
  • 8 am

Muy tuyo

Padre Martín Ponce de León
Por

Padre Martín Ponce de León

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Desde hace mucho descubro tus huellas están en mi vida.

Al comienzo pensaba debía observarlas con admiración y afecto y me limitaba a ello.

Un día puse mi pie sobre tu huella y descubrí no se borraba sino que perduraba sobre la mía y me encantó tal cosa.

Una y otra vez puse mi huella sobre la tuya y siempre sucedía lo mismo. Mi huella desaparecía y se conservaba la tuya.

Me sentía dichoso experimentando tal cosa porque me hacía saber tuyo.

Miraba tus huellas y las mismas estaban plenas de compromiso, entrega y dedicación.

No eran unas huellas comunes de encontrar porque por demás especiales.

Tus huellas son tan únicas que no podía dejar de admirar se conservasen pese a lo común de las mías.

Miraba tus huellas y las mismas dicen de jornadas interminables, de pasos cargados de amor y solidaridad.

Aceptabas mis huellas simples, sencillas y comunes y las transformabas en tus huellas y todo lo mío parecía se colmaba con lo tuyo y me sentía más y más tuyo.

Con inmenso cuidado ponía mis huellas sobre las tuyas y éstas estaban siempre disponibles para contener las mías.

Miraba tus huellas y ellas decían de plenitud, de vida entregada, de coherencia y sueños plenos de coraje.

Miraba tus huellas y ellas siempre estaban tomando la iniciativa para estar señalando mis futuras huellas.

Caminar contigo es muy sencillo puesto que tú marcas el mejor camino por el que transitar.

Claro que para poder seguir tus huellas hay que estar con los pies ligeros y dispuestos.

Parecería nunca te cansas de andar.

Un día, al mirar mis huellas, descubrí, con asombro, las mismas no existían.

Solamente estaban tus huellas. Siempre tus huellas.

Había sido tanto mi afán de caminar contigo que ya mis huellas eran las tuyas.

Me sentí muy tuyo.

Escuché tu risa mirando mi cara de asombro.

Escuché tu risa observando no podía creer lo que veía.

Era lo máximo que me podía suceder y lo estaba contemplando.

Era el mayor deleite que podía experimentar y lo estaba contemplando.

Me aparté de tus huellas y puse mi pie y quedó estampada mi huella. No la había perdido. Aún existía.

Pero no deseaba dejar tus huellas y volví a ellas y allí solamente estaban las tuyas y las mías eran tuyas.

Nunca olvidé tus huellas pero, muchas veces, transité por otros caminos pensando era lo mejor para ellas.

Tenía miedo de perjudicar tus huellas, herirlas con las mías o hacer algún daño a esa huellas tan plenas que se habían cruzado por mi vida.

Ahora, en cambio, puedo saber que poniendo mis huellas sobre las tuyas solamente perduran las tuyas impactantes y generosas.

Y me siendo pleno amando el lugar que ocupas en mí vida porque he descubierto ello me hace inmensamente feliz.

Te aseguro intentaré no perder de vista tus huellas aunque ello me implique hacerme comunión contigo.

Te aseguro intentaré no perder de vista tus huellas aunque ello me implique más deseos de coherencia y entrega constante.

Intentaré no perder de vista tus huellas aunque para ello deba añadir horas a mis días.

Será siempre salir al encuentro porque tus huellas marcarán mis pasos.

Será siempre transitar por esos caminos donde están tus huellas que, generalmente, no es el más común de los caminos por más que siempre sea el más pleno de todos.

Esta experiencia de sentirme muy tuyo no deseo acabe en mí.