Jueves 4 de junio, 2020
  • 8 am

Daymán necesita atención

Andrés Merino
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Andrés Merino

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Diario

Por Andrés Merino
Un cartel oxidado dando la bienvenida y más allá la bandera del departamento casi siempre raída son algunos detalles que no pasan desapercibidos para quien llega a Salto por el Sur. Pasto descuidado por doquier, sin veredas y presencia constante de riachuelos de aguas servidas que hacen las delicias de los mosquitos que vienen a vacacionar, entre otras linduras. Porque si no lo saben, no hay saneamiento en Daymán, y esa deuda sigue impaga por parte de las sucesivas administraciones nacionales y municipales. En la terminal de omnibuses hay un cajero automático que no dispensa dólares en una zona supuestamente turística.
Negar que las Termas del Daymán están en seria crisis, sería engañarnos. No me referiré a las de Arapey pues no conozco muy en detalle cómo van las cosas por allí.
Pero de Daymán voy a opinar pues allí vivo y soy testigo totalmente independiente de cualquier influencia política o de lo que sea.
Hace ya varios años, cuando solía venir a Salto y hospedarme en Termas, y todavía con importante presencia de argentinos, algo me hacía ruido. La actitud general de hoteleros y gastrónomos del lugar me daba la impresión de descuido; todo un tema de mentalidad: brindar los servicios mínimos, total, la gente igual venía, y se había casi logrado la desestacionalización del turismo; es decir que venían visitantes a casi lo largo del año. Entonces, para qué invertir, si las cosas igual funcionaban? Para qué capacitar al personal si no habría diferencia? Los argentinos no contaban con termas interesantes, y estaban obligados a morir aquí. A esa masa potencial de clientes se sumaba el contingente nacional.
Recuerdo haber entrado a la recepción de un conocido hotel (hoy a la venta) y notar asombrado la cantidad de cartelitos dirigidos a los turistas, todos ellos en tono poco cordial y recordándoles todo lo que estaba prohibido en las instalaciones. De bienvenida, nada. Pura agresión gratuita. Muchos hoteleros eran simples vendedores de camas, y el nivel de la gastronomía era de arena gruesa con honrosas excepciones (no más de dos). De todas maneras había tolerantes que allí se hospedaban, hasta que el paso de los años y el cambio de escenario hizo justicia.
Todo en los almacenes costaba un porcentaje superior a los precios de la ciudad. La razón? Capricho y avivada, pues Termas en definitiva es prácticamente un barrio de Salto. Ahora se quejan pues el turismo de cuarta que recibimos traen el refuerzo de mortadela en la valija del auto. Tarde piaron.
Soy muy duro? Creo que estoy siendo blando aún.
Siempre rehenes de las barométricas por la razón ya explicada, y en fechas pico, en cualquier momento vamos a ver erupcionar un volcán de merda made in Daymán.
Lo cierto es que los argentinos en los últimos años han desarrollado termas bien interesantes, y basta cruzar el puente para ver la variada oferta de éstas, lideradas por Federación, donde las cosas parecen hacerse con algún criterio. Sumemos el cambio adverso y que vivimos en uno de los países más caros del mundo. Los amigos K, actualmente en el gobierno argentino, han tomado medidas liquidantes por un lustro contra nuestros intereses, si es que aguantan todo ese tiempo haciendo barrabasadas en el poder. El turismo argentino que está llegando a Uruguay es preferentemente de primer nivel, de ése que no lo mueven los vaivenes cambiarios y que no tienen a Dayman en su radar; la clase media, principal castigada por las medidas K y otras yerbas, se queda hoy en día en las termas argentinas.
La tormenta perfecta se cierne sobre nuestros centros turísticos termales, y si el gobierno nacional y el departamental de Salto (esté quien esté) , no le ponen un poco de cabeza a todo esto, Daymán en particular está en serios, muy serios problemas.