Jueves 4 de junio, 2020
  • 8 am

La ausencia del Estado

Fulvio Gutiérrez
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Fulvio Gutiérrez

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Dr. Fulvio Gutiérrez
Uno de los objetivos más urgentes que deberá afrontar el nuevo gobierno que asume el próximo 1º de marzo, es corregir la ausencia del Estado, sobre todo en materia de seguridad interna. Para sorpresa de todos, el Ministerio del Interior frentista tomó una serie de medidas que en definitiva disminuyeron el combate a la delincuencia, pero fundamentalmente procedió a lo que se denominó “vaciar las comisarías”, en el sentido de retirar funcionarios, dejando un número insuficiente para su normal funcionamiento. Si no hay presencia policial, no hay presencia estatal. En el ámbito rural el desinterés fue mayor, lo que provocó un incremento del delito de abigeato, por parte de personas y organizaciones que se dedican a hurtar, matar y carnear ovinos y bovinos que luego comercializan. La falta de medios para combatir esto, llevó a la impunidad.
La disminución, y en algún caso, la ausencia del Estado en esas regiones genera un refugio a los grupos ilícitos, fomenta la conflictividad social, impide la gobernanza y frena el progreso económico. El Estado debe proteger la seguridad personal; abatir amenazas contra el orden público; prevenir los crímenes contra las personas; y permitir que los ciudadanos resuelvan sus disputas de forma pacífica. Para eso debe temer normas, instrumentos y medios adecuados.
Hoy, tras quince años de gobierno frentista, nos queda una terrible situación de inseguridad que se exteriorizan en barrios en los cuales mandan las bandas organizadas de delincuentes y la policía no ingresa; tampoco ingresan las ambulancias; nos deja un estado de inseguridad que afecta a cualquier persona que camine por cualquier barrio o tiene miedo de dejar su casa sola; domicilios que han sido copados por delincuentes con una violencia cada días más terrible; ataques a funcionarios policiales para hurtarles el arma de reglamento y el chaleco antibalas, para lo cual a veces los matan; nos deja un número cada vez mayor de jóvenes dependientes de las drogas; nos deja una falta de idoneidad y una ineficiencia difícil de concebir, en cuanto a la falta de control aduanero que facilita el pasaje por nuestras fronteras de toneladas de drogas; una realidad carcelaria que ha sido calificada como una de las peores del mundo; un incremento porcentual grave en materia de aumento de la delincuencia en los tres quinquenios de gobierno frentista, y varios etcéteras.
Todo esto ha ido creando en los uruguayos, un estado de miedo que está transformando nuestra forma de ver estas cosas. Negar esa realidad y no ver la gravedad que supone la inseguridad que se vive en Uruguay en estos momentos, es incurrir en una peligrosa ceguera política, cómplice por omisión y pasividad, del avance de la impunidad.
No va a ser nada fácil revertir esta situación, y menos aún en el ámbito rural. El Dr. Jorge Larrañaga, futuro Ministro del Interior, anunció la creación de una Policía Rural que ya se incluyó en el proyecto de ley de urgente consideración que ha elaborado el Presidente electo. Pero si a esta nueva policía no se le dan los medios que son absolutamente necesarios (funcionarios especializados, vehículos adecuados, armas adecuadas para trabajar proceder casi siempre de noche, caballos, algún helicóptero, bases bien ubicadas en las zonas rurales, elementos modernos de comunicación, para decir algunos), seguramente los resultados van a ser negativos.
Hay un principio fundamental que siempre debe estar presente: el Estado jamás puede renunciar al cumplimiento de la seguridad interna, que es una de sus funciones esenciales, porque va en definitiva, contra la esencia misma del Estado. La infraestructura jurídica actual existe. Es verdad que debe ser mejorada y reglamentada. Pero fundamentalmente se la debe aplicar. En el próximo presupuesto es imprescindible incluir los recursos económicos que sean necesarios.