miércoles 7 de diciembre, 2022
  • 8 am

Apuntes

Por Juan Castillo
Partido Comunista
del Uruguay
Se presentó la ley de Urgente Consideración y en unos meses se presentará el presupuesto quinquenal, cuestiones que marcarán el rumbo de los próximos años. Son leyes definitorias. Es más, es casi el motivo esencial por el que la coalición todavía están privilegiando mantener ese acuerdo multicolor. Es porque necesitan sumar los votos de estos cinco partidos, expresiones de la derecha, de concepciones neoliberales. Algunos de ellos con concepciones reaccionarias, y algunos con contenidos de corte neofascista. Pero precisan los votos de todos los sectores que han conducido al triunfo del doctor (Luis) Lacalle para aprobar lo que van a ser, a la postre, las leyes más importantes que tiene este gobierno para ampliar su programa, que es el programa de la derecha. Entonces, si después de aprobadas la ley de Urgente Consideración y la ley de Presupuesto, según la concepción de la derecha, se rompe la coalición, ya no importa porque el objetivo ya lo cumplieron.
En este contexto el partido Comunista viene creciendo. Nosotros tenemos especial interés en que sea un proceso que tome su tiempo, que tenga que hacerlo sin dejar nada por el camino. Hablo de crítica y autocrítica, de análisis político con elementos científicos arriba de la mesa que nos permita vislumbrar bien esta experiencia de 15 años de gobiernos de izquierda y esta derrota política electoral que hemos sufrido a finales de 2019.
Somos conscientes de que es doloroso que la nombremos como una derrota. Que no es esa la forma como se siente el militante. El militante, los hombres y las mujeres que se han puesto al Frente Amplio en sus hombros, que desarrolló el persona a persona, el que entrega el volante en la feria, el que sale a conquistar el voto, el que da la cara en el barrio como frenteamplista, no se siente derrotado, se siente que ha dejado hasta el alma en la cancha, que ha dejado la vida militando. Y nosotros eso lo reconocemos, y por eso es que fue ese resurgir entre la primera y la segunda vuelta que sacudió al Frente Amplio. Gran parte es responsabilidad del militante, pero no estamos haciendo referencia a lo emocional, no estamos haciendo referencia al espíritu del militante. Estamos haciendo referencia al impacto de las políticas sociales y productivas del país.
Esto a nosotros nos va a permitir mirar hacia adelante, y ver que todavía no tenemos lo compacto de la unidad y amplitud de todas las fuerzas políticas de izquierda para encabezar y liderar, por largo tiempo, un proyecto que cambie de raíz esta sociedad.
El Uruguay, ya lo dije al comienzo de la nota y lo repito sobre el final, está mejor. Diez, veinte, cuarenta, cien veces mejor que como estaba en el 2000, 2001, 2004, pero aún así tenemos carencias, aún así hay errores. Aún así todavía nosotros no hemos hecho una justicia social íntegra en el país, todavía nos quedan pedazos en materia de derechos humanos que no hemos logrado destrabar. Todavía no conocemos toda la verdad, todavía no se ha hecho todo la justicia sobre lo que pasó en la dictadura. En eso no podemos mirar para el costado. También es responsabilidad nuestra.
Todavía no hay una distribución equitativa de la riqueza. Si el Uruguay está mejor, nadie lo puede negar; tampoco nadie puede negar que los ricos continúan siendo ricos y que un núcleo muy chico de empresarios sigue amazando una fortuna enorme. Mientras el uruguayo comía un par de kilos más de carne, mientras algunos tomaban algunos litros de leche más, ellos llevaban la plata en carretilla para los bancos. También hay que decirlo.
Los mismos sectores que se movilizaban en contra del proyecto político, que decían que el campo no daba más, que la industria no daba más; y ahora que pasó la elección te dicen «en nuestro sector no hay ningún tipo de problema», y comenzaron a aparecer los datos de que les había ido como nunca en esta última etapa.
Entonces, convengamos que ante ese proceso de aprendizaje muy duro, de un golpe como el de las elecciones, nosotros tenemos que ser capaces de sintetizar, de resumir, de dar la cara públicamente con los errores, con las carencias. Ser capaces de incorporar una cantidad de hijos de la clase obrera, de militantes de nuestro pueblo, de jóvenes que se están integrando. Jóvenes que a veces nosotros mismos responsabilizamos por los estancamientos políticos, y que nos demostraron que fue donde votó mejor la izquierda. Todo eso hay que tener la capacidad política de sintetizarlo y resumirlo. Y esto no lo podemos hacer solos, ni se hace por decreto. Se hace en un proceso de tiempo, en conjunto, con debate, pero no buscando la novelería de tener un titular del diario mañana, sino buscando un resultado político final para nuestro pueblo.