Miércoles 3 de junio, 2020
  • 8 am

Aprender a valorar

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

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Por Gerardo Ponce De León

¡Cuántas veces no valoramos como corresponde las cosas que tenemos!. Puede ser que esto suceda por varios motivos, y uno de ellos es por tenerlo a nuestro alcance, diariamente, que hacemos costumbre; otra razón por no ser necesario su presencia en nuestro diario vivir.

Voy a ir a un ejemplo: el agua. En la actividad agropecuaria, si la tenemos, ni la miramos, si nos llega a faltar, llegamos a agarrarnos una tortícolis, de tanto que miramos el cielo, pensando que de tanto mirar, va a venir la lluvia. En el caso de tener sed, gracias a Dios, abrimos una canilla y saciamos nuestra necesidad de beber. Cuando nos muestran a otros países del mundo, que hasta llegan a pelear por ella, muchas veces, casi no nos importa, lo sentimos lejano nuestro, y no valoramos lo que tenemos.

Como prueba de la falta de valoración de elementos vitales, es que en el año 2018, se hizo un movimiento por donde está ubicado el vertedero de basura, en Salto, y quedo en eso. Hoy en Canelones, aparece otro movimiento por la ubicación de un mega-basurero, en Soca, que los lugareños de ahí, están en contra de que se realicé ahí, ese deposito.

Diario

Así podemos poner a la salud. La cuidamos y recién valoramos, y nos damos cuenta de lo que es cuando nos falta o a alguien muy cercano a nosotros, le toca sentir la falta de la misma.

¿Somos capaces de valorar lo que tenemos? Cuantos de nosotros, vivimos mirando a nuestro costado para ver lo que tienen es o aquel; sin valorar lo que, gracias a Dios, tenemos, pero está en la esencia del ser humano el querer tener más, sin preocuparnos, si para lograr eso, tenemos que “pisar la cabeza” de otro ser humano.

Cuantas veces me pregunto ¿somos capaces de valorar a nuestro hermano? Si aquel que vive a mi lado; aquel que espera saciar su hambre con nuestra ayuda; que espera sentir calor con la donación de nuestra parte, de un abrigo; un enfermo que está solo en una cama, sufriendo, y sus familiares por razones económicas, no lo pueden acompañar. Cuantas veces me pregunto: ¿Qué hago por la gente que tiene una adicción; por la gente discapacitada? Y vuelvo a lo mismo, como no valoramos, nos olvidamos de agradecerle a Dios, lo que me dio.

Cuando nos enteramos de un accidente, por los caminos que normalmente nos movemos; una rapiña o un robo de una casa, no nos ponemos en el lugar del que le toca sentirla en carne propia, si nunca nos tocó, decimos: pobre gente y queda en esa.

Cuantas veces criticamos, hasta sin piedad, y como no valoramos los tiempos que se pierde en hacer eso; las horas de renuncia a cosas personales, sabiendo que hay buenos y malos, como en el caso de la política; pero somos incapaces de comprometernos en dar una mano para solucionar lo que no estamos de acuerdo o hablamos mal de ello.

Claro, la falta de valoración nos lleva muchas veces a quedarnos, como el retrato de la abuela (siempre en la cómoda) y nos ocupamos, solamente, de nosotros. Miramos, vemos, criticamos o aceptamos, pero nos olvidamos de mirar a la gente que valora su entorno a: la gente, la naturaleza, lo que tiene, lo que da.

Que palabra que es dura y cuesta mucho, hoy día de darle el verdadero valor que tiene. Miren que no soy ejemplo de nadie, que me falta darle a mi vida valoración a las cosas que les escribo, si les puedo asegurar que miro mucho y pondero a la gente que le da valor a su vida.