Jueves 28 de mayo, 2020
  • 8 am

Por la Esperanza

Padre Martín Ponce de León
Por

Padre Martín Ponce de León

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Por Padre Martín
Ponce de León.
No alcanza con constatar una realidad sino que necesario se hace el planteo de alguna solución.
¿De qué sirve plantear lo que todos sabemos si no se plantea una solución?
Necesario se hace partir de la certeza de que debe existir una solución.
De no existir la certeza de una solución ¿qué futuro podemos esperar?
Sabido es que la solución no pasa por una respuesta mágica que algún iluminado posea.
¡Ojalá existiese una fórmula mágica capaz de revertir en esperanza la desesperanza con, tan sólo, un golpe de varita!.
El cambio de la realidad no pasa, en su totalidad, por un algo que está a nuestro alcance.
Nadie está capacitado para solucionar, inmediatamente, la crisis existente.
Hay situaciones que van mucho más allá de lo que está a nuestro alcance.
La recesión mundial no la habrá de modificar ninguno de nosotros.
La pérdida de valores, que muchísimos vive, no la habremos de cambiar nosotros por más empeños que hagamos.
La situación económica mundial producto del COVID 19 no está en nuestras manos modificarla.
Es indudable que hay muchas cosas que nos trascienden.
Nadie puede hacer más de lo que está a su alcance y allí radica el gran secreto del necesario cambio de hoy en día.
Hoy, invadidos de desesperanza, hemos trasladado a la desesperanza a nuestro sentir y al no hacer lo que debemos.
Es no ver nada positivo en todo lo que nos rodea.
Es actuar con la seguridad de que lo nuestro es una pérdida de tiempo.
Es tener la seguridad de que todo sirve para nada.
Parecería como que nuestro actuar es un plantarnos resignadamente ante la vida limitándonos a hacer que pasemos por ella.
Debemos plantarnos ante la vida con los ojos bien abiertos.
Si lo hacemos descubriremos que es más, mucho más, lo positivo que lo negativo.
Veremos que no todo es una pérdida de tiempo sino que existe la posibilidad de caminar en pos de los sueños.
Llegaremos a la constatación de que nadie puede erigirse en juez de la efectividad de sus actos.
Existen pequeñas recetas que, de aplicarlas, habremos de estar haciendo un aporte invalorable a la recuperación de la esperanza.
Compartir lo positivo y callar lo negativo de los demás y de lo que nos rodea.
Intentar hacer, cada uno, las cosas que debemos hacer con la convicción de que ello es lo más importante que tenemos que realizar.
Poner de nosotros lo mejor en lo que hacemos.
Tener la seguridad de que mucho se revierte si poseemos y aplicamos la capacidad de mejorar nosotros.
Ese nuestro cambio se da en la medida que seamos capaces de ponernos pequeños compromisos en lo cotidiano.
Respetar, a toda costa, la originalidad de los demás.
Así podríamos seguir mirando pequeñas recetas que hacen a nuestra conducta diaria y en nuestra relación con el resto.
Podrá parecer que pretendemos modificar el estado de salud de un enfermo grave con esos comunes analgésicos de venta libre en cualquier almacén.
No es así puesto que estas pequeñas recetas dicen de un posicionamiento ante la vida.
También se me podrá decir que esas pequeñas recetas no son tales porque tienen una amplitud tal que parecerían no decir mucho.
Nos gustarían pequeñas recetas mucho más concretas. Está en cada uno la adaptación de esas recetas a sus posibilidades bien concretas.
El cambio no pasa por la aplicación de fórmulas sino desde una postura sumamente personal que se refleja en actitudes solidarias.
Solamente desde allí es que podremos pasar de la desesperanza a la luz de la esperanza.