martes 6 de diciembre, 2022
  • 8 am

Woodstock en Salto

Leonardo Vinci
Por

Leonardo Vinci

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Por Leonardo Vinci.
A principios de los 70, el Diario ACCIÓN había cambiado su presentación.
Con grandes titulares y artículos de rápida e interesante lectura, era impreso en offset a todo color, buscando captar con ese formato a lectores más jóvenes.
En el marco de esa estrategia se le encomendó al comunicador Alfonso López Domínguez, la organización de un gran festival de música «beat».
Salto fue la ciudad elegida para el encuentro juvenil a desarrollarse en febrero de 1971, siendo el Parque Harriague el lugar más apropiado para recibir a miles de entusiastas durante tres días.
Rafael «Toto» Vece fue designado coordinador de las jornadas. Toto, reconocido y exitoso compositor, tenía un programa en Radio Cultural, – que auspiciaba el evento, – y contaba con gran experiencia en el mundo de la música: ganador del Festival «De Costa a Costa», arreglador y tecladista del grupo salteño «Los Swingers».
Radio Ariel de Montevideo había invitado a grupos y solistas de todo el país a participar en la selección previa en cada Departamento donde se definirían los representantes para concursar en el Festival.
Figura de relieve resultó en esa oportunidad «Pájaro Canzani» que tenía diecisiete años cuando participó en este Segundo Concurso Nacional de la Música y la Canción Beat, ya que ganó el primer premio en la categoría Candombe Beat – Solista. El Festival consagró a importantes figuras de la música uruguaya que tendrían un destacado papel a lo largo de los años 70.
Años después, Canzani integró el reconocido grupo chileno «Los Jaivas» y fue el autor de «todos goleando», la canción de la Copa América en 1995.
El encuentro estaba inspirado en
Woodstock, que se celebró en agosto de 1969 cuando miles de jóvenes acudieron al Festival de Música en Nueva York considerado hoy en día como el más importante de la historia del rock.
En un largo fin de semana -que se prolongó hasta bien entrada la mañana del lunes- un total de 32 artistas internacionales y lo más destacado de la música norteamericana del momento, participaron en un evento con el lema «amor y paz» en un momento en el que la Guerra de Vietnam y el mayo del 68 francés habían influido notablemente en aquella juventud.
En nuestro Woodstock, en el Parque Harriague, actuaron en aquel entonces Psiglo, Cold Coffee, Opus Alpha, Las Sandías, El Sindykato, Sicosis, Miguel y el Comité, Tótem, Kano y los bulldogs, entre otros.
El anfiteatro salteño no tenía aún el actual escenario por lo que la Intendencia armó un estrado techado que se destacaba en medio de centenares de coloridas carpas de los «hippies» visitantes que acamparon esas noches.
En el festival realizado en «la era de Acuario» no hubo el más mínimo desorden y todo transcurrió con mucha armonía, beneficiando la recaudación al Liceo 2.
Las actuaciones comenzaban a la puesta del sol y terminaban al amanecer.
Todas los músicos se alojaron en el Hotel «Los Cedros» que se inauguró en esos días. Entre los participantes se destacaron los salteños de Manzana, los Sin Spill de San José, el Trío Unión y el grupo Moderno de Mercedes, Baldosa Floja de Florida, Los Boanes, Los Alfiles, Los Boomerang, Pasado y Presente, Existencia y Los Black Stones.
¿Por qué nunca más se hizo en Salto algo de esta dimensión?
¿Por qué razón nuestra ciudad dejó de realizar eventos y espectáculos de importancia?
Pequeños poblados como Andresito congregan a miles con su Festival anual.
Nuestros vecinos Tacuarembó y Paysandú organizan con gran suceso tanto «La Patria Gaucha» como «La semana de la cerveza».
Concordia y Gualeguaychú presentan extraordinarios carnavales.
¿Y nosotros?
Salto debería ser el escenario de un gran Festival de Rock de bandas estudiantiles Argentinas, brasileras y Uruguayas que pudiesen actuar por primera vez ante un público multitudinario.
Su transmisión por señales televisivas, Internet, redes sociales u otros modernos medios lograría posicionar a Salto en la región mostrando toda su oferta turística.
Debemos estar preparados para cuando pase la tormenta.
¡Pongamos manos a la obra!