Martes 13 de abril, 2021
  • 8 am

Madre no se nace…

Gisela Caram
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Gisela Caram

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Sevrini & Asociados

Ps. Gisela Caram*
Algunas creencias trasmitidas en relación a la maternidad, muchas veces nos confunden y no nos dejan pensarnos desde lo que queremos y lo que podemos hacer, en esto tan sagrado de traer un hijo al mundo.
Traer un hijo al mundo implica la responsabilidad de cuidado, dedicación y sostén a lo largo de los años de infancia y adolescencia.
Así como muchos jóvenes no piensan mucho ni planifican la familia que quieren tener, otros piensan mucho, esperan más, se cuestionan e idealizan el tiempo perfecto para procrear.
Si tuviera que definir “madre”, lo haría como “esas personas que cuidan y sostienen a niños sean o no salidos de su vientre, por períodos prolongados. En un marco de respeto, y sin otro interés que el afecto”. He conocido abuelas-madres, tías-madres, hermanas-madres, cuidadoras-madre, parientes-madre. El visibilizar hoy el rol de las mujeres no solo como madres, y darnos la posibilidad de elegir si deseamos o no ser serlo, ha permitido desencasillarnos de un único lugar. Deshaciéndonos de estereotipos ancestrales como “ser madres y amas de casa de tiempo completo”, para ir abriendo y conectando a cada una con otros roles, permitiendo así, que muchas mujeres puedan elegir “sin culpa”, qué pueden y quieren.
A partir de los años 60, las mujeres empezaron a ampliar sus roles, así que además de cuidar sus hijos y llevar adelante las tareas de la casa, salieron al mercado laboral, lo que además de auto exigirse llevó a que demandaran el apoyo de los hombres en los cuidados de los hijos.
Madres “modernas” que fueron criticadas por salir muchas horas de su hogar y trabajar mucho tiempo. Lo que fue generando autonomía y una mejor autoestima, así como independencia económica, lo que además les permitió la opción del divorcio.
Así que de ser “mujeres mal vistas”, por dejar su hogar e hijos por horas para ir a trabajar afuera, también dejaban a sus esposos, optando por el divorcio. Pasaron a ser jefas de hogar, sostenedoras y emprendedoras, llevando adelante su maternidad como podían, y rehaciendo sus vidas de pareja, además.
Hoy la maternidad no es la única meta de las mujeres. Ha sido postergada en función de otros intereses en muchas jóvenes. Sobre los 30 años, época que entra a correr el reloj biológico, es notoria cierta inquietud por definir si desean “tener hijos” y armar una familia, o si quieren “ser madres”.
Deseo y necesidad, dos cosas muy diferentes a la hora de pensar en un niño.
La NECESIDAD de hijo está enmarcada en la satisfacción de tener algo propio, como si fuera una prolongación de uno. No se reconoce el hijo como otro, con deseo propio.
En el DESEO hay un reconocimiento del hijo como otro diferente, otro que en algún momento se desprenderá, llorará a cualquier hora y no me va a complacer en todo lo que yo quiera.
El PROYECTO de tener un hijo puede estar investido por necesidad o deseo.
A veces el proyecto puede estar teñido de la necesidad de un hijo para unir la pareja en crisis, para llenar algún vacío, para tapar algún conflicto, etc.
Cuando el proyecto está envuelto del deseo de la pareja de ampliar su familia, cuidar y construir algo juntos, será un niño con lugar propio.
Un niño que viene al mundo para ser lo que devenga ser, un niño producto del amor de sus padres.
Se dice que cualquiera puede tener un hijo, pero no cualquiera es madre, parte del ser, tiene que ver con el “sentirse” madre, parándose como adulto responsable, cuidadoso, soporte y muro de contención. . .mientras el otro lo precise…
*Especialista en Psicoterapia Vincular