Miércoles 28 de octubre, 2020
  • 8 am

Conocer nuestra realidad

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

130 opiniones

Por Gerardo Ponce De León

Voy a comenzar aclarando que no busqué en este escrito un fin político, ya que si aparece no está en mí esa intención. Tampoco me preocupa si en el motivo de este escrito, existe dicha intención. Aclaro que conozco personalmente al Ing. Agr. Gabriel Capurro, presidente de la A. R. U.
Quiero referirme a su discurso de cierre de la Expo Prado 2020, el cual no deja de llamarme la atención, donde lo dice y como lo dice. En el mismo nos habló de: desigualdad, distribución de la riqueza y pobreza. Personalmente y sé que buscó la valoración del ser humano, por arriba de cualquiera de estos tres puntos; ya que, para mí; son la base para lograr lo que dijo el Ing. Capurro: “Independientemente de las políticas públicas que se implementen, es muy importante lo que podamos hacer las empresas en el sector rural para mejorar los indicadores de pobreza, desigualdad y lograr una más justa distribución de la riqueza”.
Creo que hablar de deleznable y que da lástima escuchar este discurso; (deleznable es igual a decir fácil de romper; que se desliza o resbala con facilidad) tenemos que prestar mucha atención a lo dicho y pararnos frente a un espejo para ver si podemos mirarnos, sinceramente y con valentía, a los ojos. Es un tema que se llevó a nivel del sector rural, por quien representa a una Asociación Rural, es decir que es muy natural dado que es el medio por el cual vive, pero que es muy aplicable a cualquier nivel empresarial de una sociedad. Todos tenemos que rever cual es nuestra actitud o nuestro desempeño, frente a estos tres puntos en los que basó su discurso.
Creo que más de una vez, les he escrito sobre la valoración que tenemos que aprender, hacer y convencernos de el ser humano que tenemos a nuestro lado, ya que hay muchos ricos que son pobres y muchos pobres que son ricos. Para criticar, que es lo primero que sabemos hacer, estamos todos; para valorar y reconocer nuestros errores, es propio de un ser humano, sensible, dispuesto y generoso; y que cada vez son menos los que practican estas virtudes. Nos duele mucho más, si esa verdad me toca, y ¿qué me queda? Atacar, descalificar y criticar; si lo hago gritando es mejor; dado que no tengo argumentos para rebatir esa verdad que me están diciendo.
Hay que tener la valentía de decirlo: públicamente y entre medio de los “fachos” (como dice en la columna de los domingos de este diario, en los Diálogos). Personalmente no comparto este término, pero es popular y sé que ubica, a quien lee este escrito, por eso lo uso.
La pandemia mundial que estamos sufriendo, ha comenzado a mostrar sus secuelas, que van a ser muchas y muy complicadas, y va a ser muy importante el aprender a ver, valorar y conocer a nuestro prójimo. Basta con aprender su nombre, o saber donde vive, que hace, antes de preocuparnos porque está donde está. Vamos a tener que aprender a seguir dando una mano, y si es necesario, las dos. A dar gracias a Dios, de que podemos llegar a hacerlo, y realmente hacerlo, que no quede en promesas, y sigamos obteniendo frutos para nuestro egoísmo.
Lo mismo que se le pide a los políticos, hay que pedirle a TODOS los que podamos hacer algo, y de la forma que esté a nuestro alcance, cumplir con la promesa de hacer para que la: desigualdad, distribución de la riqueza y pobreza, sean unos flagelos, cada vez menores, ya que la mejor vacuna contra ellos es: la entrega, hacer las cosas en silencio y en forma anónima. Para eso tenemos que aprender a mirar y descubrir al ser humano y que nadie es mejor que el otro, si podrá ser más vivo, más inteligente, emprendedor, arriesgado; pero que todos somos seres humanos.
Las verdades duelen y lo que me queda es decirle: Gracias Ing. por darnos la oportunidad de despertarnos y golpearnos para que miremos y veamos, una realidad que está a nuestro lado y muchas veces la miramos y queda en eso.