sábado 28 de enero, 2023
  • 8 am

Es seguro que sucederá… A menos que no suceda

César Suárez
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César Suárez

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Por el Dr. César Suárez
La curiosidad y la ansiedad por saber acerca de que cosas han sucedido o están sucediendo o sucederán, nos ha hecho esclavos de los medios de información y cuanto más acceso tenemos a las noticias, cualquier noticia, más queremos saber, tal como si fuera una adicción incontrolable que lleva a cualquiera a estar pendiente (esclavizado) de informativos o de cualquier terminal informática que tengamos a mano (computadora, teléfono celular, tablet) o lo que sea, que terminan de comportarse como instrumentos diabólicos que manejan nuestras conductas en una adicción incontrolable.
Estamos continuamente pendientes de cualquier acontecimiento y de todas sus versiones con las que cada uno las va adornando con comentarios y opiniones que suelen enredar las noticias lo que nos lleva a querer saber más a efectos de intentar aclarar la confusión.
Pero tampoco nos conformamos con saber los que ha sucedido y lo que está sucediente en este preciso instante, sino que, además, queremos saber lo que sucederá. El futuro nos suele generar diferentes niveles de angustia y siempre aparecen muchos que están dispuesto a pagar por lo que desean saber, y como el mercado es muy dinámico enseguida surge, otro alguien, que está dispuesto a vender lo que sea a como dé lugar.
La ansiedad de cualquiera de nosotros por intentar saber qué cosas sucederán en los próximos días, en el próximo mes o en los próximos años es una suerte de padecimiento que en diversa medida nos afecta a todos, tanto que solemos comprar predicciones y en ocasiones, más de uno invierte recursos pagándole a quienes se han organizado para vender algo tan intangible como la versión de lo que aún no ha sucedido.
Algunos no necesitan nada para explotar este recurso, simplemente inventan una estrategia para asegurar que tienen ese mágico “don” para percibir el futuro y para eso sólo se necesita un grupo de crédulos que se aferra a lo que sea con tal de calmar la ansiedad acerca del esquivo futuro y están dispuesto a pagar por eso.
Basta que cualquiera instale un kiosquito en cualquier lugar prometiendo adivinar nuestro destino para que se armen colas esperando turno, algunos usan artilugios como cartas, caracoles, borra del café, las estrellas del firmamento, la disposición de los planetas, la edad, la fecha de nacimiento, dados y cualquier cosa que a alguien se le ocurra generando el ambiente adecuado para que el cliente termine por creer en la infalibilidad de las predicciones.
Pero este arte de predecir se ha ido perfeccionando y profesionalizando usando estrategias más afinadas a través de encuestas de opinión que pretenden adelantar los titulares de los diarios con variable anticipación y que en ocasiones condicionan las decisiones individuales hacia el futuro sobre todo teniendo en cuenta que como nadie quiere perder, un gran número de personas apuestan al ganador que promocionan las encuestas.
Después están las predicciones de sesudos economistas que anuncian cómo se comportará la economía en los meses siguientes y cómo será la cotización de las diferentes monedas hacia fin de año o el año que viene, claro después, según ellos mismos, acontecimientos imprevistos hicieron que sus predicciones no tuvieran nada que ver con lo anunciado, pero igual no se achican, un nuevo análisis los lleva enseguida a corregir hacia al alza o hacia la baja.
¡Qué vivos!, así cualquiera, no se necesita ningún título para eso, mejor le pregunto al almacenero de la esquina que la tiene mucho más clara.
Lo malo de todo, es que todas esas predicciones suelen condicionar la conducta personal de cada uno de acuerdo al nivel de credulidad que tenga, y muchos harán todo lo posible para que suceda lo que fue predicho, forzando determinadas conductas, sobre todo porque en mayor o menor medida, todos tenemos la necesidad de seguir creyendo.