Sábado 5 de diciembre, 2020
  • 8 am

Cuestión de amar

Padre Martín Ponce de León
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Padre Martín Ponce de León

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Padre Martín
Ponce De León
Cuando Jesús plantea lo que debe ser el camino vivencial que presenta no hace otra cosa que plantear que todo se limita a una cuestión de amar.
Es evidente que no hace otra cosa que poner de manifiesto lo que ha sido toda su vida en la tierra.
Resulta imposible no ver en todo lo que hace a su actuar una cuestión de amar.
Es evidente que no nos plantea un amor de puro romanticismo ni utópico. El amor que nos plantea Jesús, a lo largo de su vida, es una realidad cargada de detalles que hacen eclosión en la cruz cuando nos da todo por el amor que nos tiene.
De alguna manera podemos decir que el amor que nos propone Jesús es corrernos un poco en nuestro interior para permitir que el otro pase a formar parte de nuestra vida.
Es un ejercicio de libertad puesto que nadie puede obligarme a permitir el ingreso de alguien en mi vida como también nada puede obligar al otro a aceptar la invitación a adentrarse en la vida de otra persona.
En oportunidades el ingreso de alguien en la vida de otra persona se da de una manera natural y sin ningún tipo de propósito. Cuando queremos darnos cuenta el otro ha ingresado a nuestra vida.
Es un ejercicio de libertad pero, también, un ejercicio de delicadeza puesto que cuando se ama de verdad no se desplaza a nadie. Podemos amar y ello no quiere decir exclusividad ni posesión.
El amor siempre va acompañado por el respeto puesto dejo entrar a mi vida al otro tal como es. Con sus luces y sombras.
Quien ama de verdad no se limita a ver, únicamente, las luces sino que sabe ver las sombras que el otro posee.
Quien ama de verdad no pretende cambiar al otro sino que lo acepta y le brinda lo que es para que se ayude a ser mejor y así más pleno como persona.
El amor es un compromiso que se asume ya que implica le brindemos al ser amado lo mejor de nosotros para que pueda hacer de su vida una sonrisa constante.
Cuando escuchamos hablar de la propuesta de amor de Jesús solemos unirla a situaciones puntuales y, muchas veces, marginales. Ello no es lo que nos pide Jesús.
El amor que nos propone es para con “el próximo” y ello implica una cuestión cotidiana y de entrecasa.
Es allí donde debemos comenzar a ejercitar ese amor que Él nos presenta como estilo de vida.
Es allí donde debemos manifestar que se ama de verdad poniendo en acto detalles de amor que son necesario sepamos vivir con alegría y entrega.
Amar es experimentar que nada nos conmueve tanto como la risa plena de cascabeles que la otra persona hace resonar en nuestro interior.
Amar es intentar corresponder a la ternura que la otra persona nos ofrece desde una mirada franca y auténtica.
Amar es permitir que la otra persona tome nuestra mano y nos conduzca por el mejor de los caminos para ayudarnos a ser mejores seres humanos.
Amar es aceptar que la otra persona influye en nuestra vida y, por ello, necesitados de sus opiniones, comentarios o puntos de vista.
Amar es prolongar en otra persona la experiencia del amor de Dios que tenemos en nuestra vida.
Cuando amamos la otra persona siempre es presencia junto a nosotros. No son necesarias ni la cercanía ni la visión para experimentar que la otra persona está junto a nosotros. Se experimenta siempre está presente.
“Si alguien dice ama a Dios a quien no ve y no ama a “su próximo” a quien ve es un mentiroso”
La propuesta de amor de Jesús es una realidad bien concreta que requiere nuestro empeño cotidiano para, siempre, amar un poco más y mejor.