Viernes 16 de abril, 2021
  • 8 am

La ruta del del dinero

César Suárez
Por

César Suárez

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Por el Dr. César Suárez
El dinero es una herramienta simbólica de intercambio, una suerte de documento o vale que nos permite adquirir bienes de muy diferente naturaleza, es un bien propio o ajeno que se gasta con cierta facilidad o se obtiene con diverso grado de esfuerzo haciendo uso de la capacidad de combinar la destreza, la voluntad y en ocasiones la suerte que cada uno disponga y que se alimenta con diversos insumos que van desde la venta de la fuerza física que la naturaleza le haya dado a cada uno o la habilidad y astucia de encontrar la forma de quedarse de algún modo con el dinero que otro u otros tienen, a través de diversas estrategias convincentes para que los demás lo entreguen, dando a cambio un bien, un servicio o una ilusión o no dando nada a cambio para el caso de los ladrones o estafadores.
Tanto el dinero como los bienes materiales e intelectuales conforman el capital disponible para las personas o las empresas individuales o colectivas que interactúan en una red de intercambio construyendo una trama de complejidad extrema casi imposible de comprender donde más habilidosos se mueven como pez en el agua y los más torpes se desorientan y se pierden con todo y dinero incluido.
Cuando nacemos en una sociedad capitalista, (o sea, en cualquier lugar del mundo), por ahí caemos en una estructura familiar que nos facilita las cosas, y es así, que por un tiempo, no nos damos cuenta donde nos metimos, todo bien mientras nos rodean quienes nos asisten, pero más tarde o más temprano, de acuerdo a la situación de cada uno, nos vamos dando cuenta que nada es sencillo y que no todo lo que deseamos está al alcance de la mano y rápidamente comienza a colarse la palabra “dinero” o “plata” y algo peor que eso, la palabra “trabajo”.
La suerte de cada uno es despareja, algunos ya nacen con los recursos armados y a su vez la naturaleza nos concede a cada uno de nosotros determinadas virtudes físicas e intelectuales que suelen ser también un tanto desparejas.
Así como a algunos la naturaleza los dota de virtudes extraordinarias ya sea con una marcada fortaleza o determinadas habilidades o ambas juntas, y a otros los dota de capacidades intelectuales especiales que les permite aprovechar las circunstancias para optimizar los resultados, muchos quedan fuera de ese circuito.
Algunos aprovechan esas franquicias que la naturaleza les asigna y desarrollan sus virtudes con destreza y se “despegan” del resto de los mortales con logros extraordinarios, pero otros, no tan agraciados, suelen tener dificultades para manejarse en la vida y si no existen los debidos controles, suelen ser víctimas de los más “avispados” sobre todo si interactúan quienes la naturaleza no los dotó de demasiadas luces y los más inteligentes no los dotó de demasiados escrúpulos.
La realidad cotidiana nos muestra que todo se vende y todo se compra y casi nada se regala y cada uno se arregla para encontrar la manera de sacarle a otro el esquivo dinero ya sea entregando a cambio, su fuerza de trabajo, un servicio, un bien material o simplemente una ilusión.
Antiguamente, los bienes materiales eran el sustento de la economía, pero últimamente, lo insustancial ha tomado la delantera y lo virtual se ha adueñado de todo y vale mucho más una aplicación informática que cualquier bien material.
En toda esta nueva forma de transacciones virtuales hay mucho que quedan al margen, sobre todo los que no entiende nada abriéndole el camino a los más “avivados” que usando hábilmente recursos “legales” para acumular en desmedro de los distraídos sin necesidad de desfundar un arma.
Es obvio que no somos todos iguales y que cada uno aprovecha sus circunstancias tal como puede, pero cuando las brechas se disparan es necesario que alguien termine por recomponer los extremos que no puede ser otro que el Estado tratando de emparejar, sobretodo, porque la sociedad y el país somos todo y es de todos.
Los más agraciados deben pagar tributo a la oportunidad que la sociedad le da, cada uno de acuerdo a su nivel, y los que quedan fuera, deben de recibir las oportunidades para emparejar las chances.
El equilibrio social e el mayor capital que puede tener un país y para eso tenemos que aportar todas de acuerdo a lo que marcan las leyes. Si así lo hacemos nos podremos sentir muy orgullosos del país en el que vivimos, de lo contrario seremos un país de mierda.