martes 16 de abril, 2024
  • 8 am

Una extraordinaria conquista social

Leonardo Vinci
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Leonardo Vinci

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Por Leonardo Vinci
A principios de los 80, los niños del medio rural que terminaban el 6º año de la escuela, tenían las puertas del futuro cerradas.
Los padres de escasos recursos o de condición humilde, no contaban con medios suficientes como para poder enviarlos a estudiar en la ciudad.
Incluso las familias pudientes- salvo excepciones- no tenían a quien confiar la tutela de los menores en la capital departamental.
La gurisada del interior estaba condenada, ya que la realidad imperante les impedía progresar en la vida.
Como respuesta a esa tremenda injusticia, tanto en las elecciones internas de 1982, como en las nacionales de 1984, el grupo político de Ramón Vinci asumió un compromiso con la gente de la campaña: la creación de un hogar estudiantil gratuito en Salto.
Con el respaldo ciudadano- una vez recuperadas las instituciones- llegó el momento de hacer realidad lo que había sido una sincera expresión de deseos.
La Junta Departamental se pronunció por unanimidad respaldando el proyecto y el Intendente Malaquina no dudó un instante en tomar las decisiones necesarias para concretar la iniciativa.
A principios de abril de 1985, considerando que su funcionamiento era «de estricta justicia para aquellos jóvenes de escasos recursos radicados en el medio rural, que habiendo culminado sus estudios en las escuelas de campaña, no disponen de medios suficientes para continuar su preparación cultural en enseñanza media y superior» y tras establecer que «la Constitución de la República en su Art. 275, inciso 9 determina que corresponde al Intendente velar por la instrucción primaria, secundaria, superior, preparatoria, industrial y artística; y que a su vez el Art. 71 declara de utilidad social la gratuidad de la enseñanza y la creación de becas de perfeccionamiento y especialización cultural, científica y obrera», firmó una Resolución creando el Hogar Estudiantil.
Nombró una Comisión- honrándome al designarme su Presidente- encomendándonos elaborar un reglamento de funcionamiento; preparar un anteproyecto de presupuesto contemplando los gastos imprescindibles para cubrir las necesidades del Hogar y asegurar la puesta en marcha del mismo, trabajando en coordinación con el área social de la Intendencia Municipal.
El Escribano Malaquina, en ejercicio de un derecho constitucional pocas veces utilizado por los gobernantes – previsto en el Art. 278- generosamente atribuyó a esta Comisión «la realización de cometidos específicos, delegando las facultades necesarias para su cumplimiento».
De esta forma, el comité- también integrado por el Maestro Marcirio Pérez y el Comisario Inspector Néstor Cayetano en representación del Ministerio del Interior, pudo trabajar con entera libertad y en pocos días se cumplieron los objetivos.
Ediles, policías, militares, empresarios y fuerzas vivas contribuyeron desinteresadamente permitiendo alcanzar las metas propuestas, y medio centenar de jovencitos venidos de los más alejados pueblos del interior comenzaron sus estudios tanto en secundaria como en UTU.
A los pocos meses, el legislativo comunal votó por unanimidad el Art. 91 del Decreto 5652/86 (Presupuesto quinquenal) que decía: «Funcionará en la órbita del Gobierno Departamental un Hogar Estudiantil (…)  Estará destinado a proporcionar la posibilidad cierta a los trabajadores del medio rural que no estén en condiciones económicas de costear los estudios secundarios, técnicos o superiores de sus hijos en la ciudad…»
Tiempo después, se comenzó a construir el Hogar Universitario.
Estos emprendimientos, sin duda alguna, significaron una extraordinaria conquista social, por lo que los salteños tenemos motivos para estar orgullosos.