Lunes 14 de junio, 2021
  • 8 am

Imágenes de animales que parecen “felices” no es suficiente, “el bienestar hay que garantizarlo con ciencia”

El bienestar animal es un tema de suma importancia para la producción, porque animales trabajados en buenas condiciones, son más productivos, pero también lo es a la hora de comercializar los productos del sector, ya sea carne o lana, en el caso del ovino. En este sentido se ha visto un crecimiento en los úlitmos años de varios sistemas de certificación, y al mismo tiempo también se incrementa el número de productores que se suman a estos sistemas.
La Ing. Agr. (PhD.) Marcia del Campo, investigadora del Programa de Carne y Lana del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), una especialista en el tema, señaló que el consumidor final de carnes, por ejemplo, ha venido incrementando sus demandas en este tema a la hora de adquirir este producto y enfatizó que “apelar a las emociones mostrando animales que parecen felices no es suficiente, el bienestar hay que garantizarlo con ciencia”.
La experta explicó que el bienestar en los animales de producción está asociado al cumplimiento de cuatro grandes criterios: “una correcta alimentación, es decir, que los animales no experimenten hambre y/o sed por períodos prolongados o intensos; una adecuada sanidad, mediante un plan sanitario que permita prevenir y atender enfermedades u otros problemas asociados; permitir que el ganado realice sus comportamientos naturales que, en el caso de los rumiantes como vacas y ovejas, serían pastorear, rumiar y explorar, entre otros, y minimizar las situaciones de estrés por manejo y el dolor asociado a determinadas prácticas como la castración”.
Debido a que la producción ganadera es a cielo abierto y principalmente en base a pasto, Uruguay está muy bien posicionado en el cumplimiento de los comportamientos naturales del animal. “Eso no es así en todo el mundo y es una ventaja comparativa enorme. Además, la alimentación en base a pasturas atribuye un mayor valor nutricional a la carne producida”, apuntó.
Sin embargo, alertó que “en los otros tres criterios que definen al bienestar animal nuestras condiciones de producción presentan enormes limitantes. Algunas que ya están siendo atendidas y otras que debemos atender a la brevedad.” Y agregó que, “si bien hay productores que trabajan muy bien, el país debe asegurarse de que todos cumplan, al menos, con los estándares mínimos aceptables”.
La buena noticia, según indicó, es que hay conocimiento científico a nivel nacional para mejorar los puntos débiles que hoy tiene el país en bienestar animal. “Problemas que antes no se hablaban, en INIA empezamos a priorizarlos e investigarlos hace 25 años, pensando que en algún momento podían llegar a ser demandas sociales fuertes y/o barreras de mercado. Por eso hoy tenemos las herramientas basadas en ciencia para levantar dichas limitantes”.
Como país que exporta entre un 70-80% de la carne que produce, la investigadora se refirió a la importancia de atender las crecientes exigencias del mercado en la materia. “Debemos alinearnos con las exigencias del mundo y considerar cómo ha evolucionado moralmente. Tenemos que estar preparados para venderle al mejor mercado. Contamos con condiciones naturales de producción diferenciales y por volumen no ganamos, entonces hay que ir por el agregado de valor. Tenemos oro en las manos y hay que capitalizarlo”, dijo.
También se refirió a la demanda social y la presión que ejercen los consumidores al respecto. “Hoy el hecho de mostrar el campo y animales que parecen ‘felices’, y apostar a las emociones del consumidor no es suficiente. Hay que garantizar con evidencia científica que se respetaron los criterios de bienestar animal desde el momento del nacimiento hasta la faena, en el caso del ganado para producción de carne”.
Además de ser lo correcto, señaló que cumplir con los estándares de bienestar animal es rentable. “Cambios pequeños en la forma que hacemos las cosas pueden tener un impacto muy grande en la productividad y la calidad de la carne que vendemos a nivel interno y externo, y eso repercute en el precio final y en el bolsillo del productor”.
Por último, se refirió a la creación del Instituto Nacional de Bienestar Animal. “Hasta el momento INIA y la institucionalidad agropecuaria realizaron grandes esfuerzos para generar conocimiento sobre bienestar animal y transferirlo a la cadena productiva. Si bien se lograron grandes avances en algunos aspectos, no contábamos con una estrategia país integral en la materia. La creación de este nuevo instituto es una muy buena señal de que el gobierno prioriza el asunto apuntando a la tenencia responsable de todo tipo de animales, así como a la construcción y proyección de una imagen ética en este tema clave para la economía y la reputación del Uruguay agroexportador”.