Martes 26 de octubre, 2021
  • 8 am

Pienso

César Suárez
Por

César Suárez

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Por el Dr. César Suárez
Hay una clásica historia acerca de una cocinera que negociaba su salario con su fututa empleadora.
¿Cuánto pretende ganar le preguntó a la señora a su futura empleada?
Depende le respondió la aspirante.
¿Depende de qué le volvió a preguntar la señora?
¿Es con pienso o sin pienso?, fue la respuesta de la aspirante.
Y tenía mucha razón en hacer esa disquisición, una cosa es el esfuerzo físico y otra cosa es el esfuerzo intelectual. Pensar cuesta trabajo y además es una responsabilidad cuando el pensamiento se acompaña de una acción.
Es muy diferente realizar un trabajo mecánico cumpliendo una indicación que puede generar cansancio físico pero que al cumplirlo finaliza el compromiso que estar pensando o planificando una tarea que requiere una capacidad intelectual creativa con la responsabilidad de obtener un resultado.
Toda tarea que realiza cualquiera siempre es importante y de la suma de esfuerzos del conjunto de la sociedad construye la realidad de cada comunidad sin embargo toda actividad que incluye planificación y razonamiento suele tener un resultado muy diferente.
Los grandes logros de la humanidad están vinculados a la capacidad de razonar a la creación de estrategias planificadas que suelen hacer que el esfuerzo físico obtenga un rendimiento mayúsculo.
La historia de la humanidad ha ido evolucionando en función de los inventos en base de un minucioso estudio de las propiedades de la naturaleza con descubrimientos trascendentes que han hecho cada vez más fácil la obtención de resultados y creaciones ingeniosas han contribuido a ir cambiando el desempeño de la humanidad, muchos recursos de uso cotidiano que usamos sin pensar, fueron creados por el ingenio de alguien.
En la prehistoria, cuando todo se arrastraba, alguien inventó la rueda logrando optimizar el esfuerzo físico para trasportar la carga, cuando había que remar sin tregua para hacer avanzar la embarcación, alguien inventó la vela, y, porque no siempre había viento, alguien invento la máquina a vapor, pero si a nadie se le hubiese ocurrido, el hombre hubiese seguido remando hasta nuestros días.
Y fue así que a los creativos de la humanidad se le fueron ocurriendo cosas para alivianar las tareas y compartimos recursos cotidianos sin preguntarnos ni por asomó a quien se le ocurrió y como se hacía antes de que se existieran.
De donde surgió el clavo, el martillo, la tuerca, el tornillo, la sierra y el serrucho, el perno, la pinza y la tenaza, la cerradura y la llave, el destornillador y el taladro, el fósforo y el encendedor ni quien inventó el coso y el cosito que va dentro de la cosa que se venden en la ferretería que resultan imprescindibles para para reparar esecosiaco ese que se rompió y del que ni siquiera sabemos el nombre pero que cuando se rompe nos complica la vida.
La historia ha demostrado que ponerse a pensar suele redituar bastante más que ponerse a empujar y que el pienso tiene un plus inconmensurable que hace que el mundo funcione.
En nuestros días no hay nada que tenga más valor que el conocimiento, sustancia inmaterial que se puede transportar en forma virtual y a la que se puede acceder a través de una transferencia acordada y que todo el mundo paga a través de una tarifa que está incluida en todo lo que compramos y que enriquece en forma desmedida a empresas internacionales que lleva que una única persona tenga más recursos que muchos pequeños países que carecen de tecnologías y creatividad.
Cada tarea multiplica su rendimiento si se acompaña de “pienso” multiplicando su valor, por eso cada nación debe realizar los máximos esfuerzo para invertir en educación que es la garantía para el desarrollo futuro, individual y colectivo de cualquier comunidad.