Martes 26 de octubre, 2021
  • 8 am

Crisis moral

Juan Carlos Ambrosoni
Por

Juan Carlos Ambrosoni

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Por Juan Carlos Ambrosoni
Moralistas y amorales. Unos merodean en la sociedad juzgando y ordenando al resto en búsqueda del bien supremo, dirigiéndose a sus pares a que sigan su “ejemplar conducta”. Los otros, transitan por la misma sin siquiera obedecer las premisas colectivas de la conducta, expresando o importándole lo más mínimo por lo que otro individuo pueda decir o pensar de él. Ambos extremos pudimos observar al rojo vivo en estos últimos días con la situación que vive el Senador Óscar Andrade.
Todo el Uruguay se enteró directamente o a raíz dé por medio del programa de televisión “Santo y Seña”, que el parlamentario Comunista evadió impuestos y por lo tanto no pagó los tributos correspondientes de una propiedad suya ubicada en el departamento de Canelones, más precisamente en el balneario San Luis. Esperada y automáticamente, surgieron por un lado una catarata de vehementes críticas y del otro, un apoyo mancomunado de los actores políticos de izquierda qué, ante a su juicio, presenciaban una campaña de desprestigio para Andrade.
Al acecho brotaron los opositores de Andrade. Lo juzgaron, ensuciaron y utilizaron para dar todo tipo de clases de moral. Casi como si sus acciones fuesen todas ejemplares, la moralina se adueñó de su carácter. Dictaminaron en líneas generales que un Senador por la investidura que posee no puede –como todos- eludir sus obligaciones básicas de ciudadano. Al cruce salió el “Boca”, fundamentando cuya situación era injusta ya que ha donado en estos últimos años cientos de miles de pesos y que él vive con un sueldo de albañil desde hace un buen tiempo. No dudamos de su buena fe en ayudar a otros compatriotas a cumplir el sueño de hacerse su casa, pero ¿se tapa el error alardeando el propio desempeño caritativo? Las epopeyas morales narradas por el no hacen más que aportar a su supuesta campaña de desprestigio.
En el otro lugar, los defensores del Senador salieron a demostrarle su apoyo, con una particularidad, ampararon lo indefendible. Pero sigue sin quedarnos en claro por qué desde su propio partido político se han realizaron campañas para que los contribuyentes se pongan al día con los atrasos de contribuciones o sus legisladores han expresado antes en el mismo Palacio Legislativo, o en diversos medios de comunicación, que es una falta de respeto para la sociedad no pagar impuestos si ellos mismos circunstancialmente van a ponerse del lado de quien va en contra de todo lo atentamente solicitado de su parte. La irracionalidad en su máxima expresión.
¿Tenemos la facultad de diferenciar lo que está bien de lo que se hace mal? Al final pareciera que hay buenos y malos dependiendo de sus ideales y principalmente desde la perspectiva de uno mismo. Parece que depende dé quien sea el beneficiado o el perjudicado oportunamente. La objetividad delante de los hechos queda en el otrora, y nuestra conjunta capacidad crítica que poseemos como sociedad se debilita, desvaneciéndose en el aire las capacidades de construir un futuro más sincero a través de un gran capital, la imparcialidad ante los injustos.
Una vez más hemos demostrado nuestro talento para señalar con el dedo al que se equivoca sin escrúpulo alguno y también el de ponernos el balde en la cabeza, cayendo en la querella dicotomía de unos y otros.