Martes 26 de octubre, 2021
  • 8 am

Leviatán

Juan Carlos Ambrosoni
Por

Juan Carlos Ambrosoni

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Por Juan Carlos Ambrosoni
¿Qué pasaría si no existiese el Estado y viviéramos a la deriva de un orden que establezca la convivencia pacífica? ¿Cómo nos comportaríamos con el resto en igualdad de condiciones y sin garantías? Para todo esto que es inimaginable en nuestra sociedad hay un porqué y emana de la teoría del filósofo Thomas Hobbes en su emblemática obra “Leviatán”.
Todo aflora de la idea del comportamiento humano y como este sin un contralor podría verse afectado en un sinfín de problemas. El autor plantea que es necesario crear un actor externo –Estado- que establezca significados compartidos. Los individuos fundan esta institución para consagrar derechos, propiedad, delito, moralidad, que es lo bueno o malo y demás. Indudablemente existe la necesidad de establecer definiciones comunes para la convivencia, antes de esta etapa vivimos en un estado de naturaleza en que no hay un gobierno efectivo. ¿Qué es el estado de naturaleza? Según el Hobbes, es una situación en la cual estamos inmersos en una guerra de todos contra todos, donde ningún individuo le puede imponer a otro ese orden y la equidad de estos está lejos de llevarlos a esa disposición, todo lo contrario, los llevaría a la contienda. Se llega al punto de conflicto porque surge la igualdad de expectativas, todos van a competir por los mejores recursos que hay, esta disputa genera desconfianza y por ende, la pugna perpetua entre pares que corromperá con el avance del hombre.
¿Qué los motiva a llegar a esta creación? Los individuos encuentran razones para salir de esta situación, estas radican de la pasión y de la razón, el miedo a la muerte y la búsqueda de la paz. Esto no viene de Dios, sino de la lógica de los sujetos. La paz permanente se genera a través del Leviatán, por medio de la transferencia expresa de derechos del individuo a esa estructura omnipotente que controlará la vida de los futuros ciudadanos. Este Estado no va en contra de las leyes naturales porque las personas tienen cierta tendencia a coexistir juntos. La creación de este monstro que todo lo controla permitirá convivir permanentemente sin el sufrimiento que ocasiona el estado de naturaleza del hombre donde estamos en guerra con nuestros pares. Aquí se origina el orden, el fin de esta magnífica creación. En la mencionada etapa que antecede al control interno que nace de un aparato estatal, cualquiera puede matar a los súbditos, por lo tanto, mediante de la elaboración del Estado, es mejor solamente temerle a uno solo que a todos, por eso es preferible siempre componer un Leviatán que ordenará la vida en comunidad ante la incertidumbre del estado salvaje del ser humano.
Vivir sin un Estado que articule la sociedad es distópico para cualquier mortal, por eso nadie lo discute con fundamentos certeros. La necesidad de estos entre todos los países del mundo es indiscutible, pensar en una no presencia de ellos en un determinado territorio es caer en la barbarie anarquista y en el anacronismo más lejano. La evolución humana es comprendida desde las garantías y seguridades que generan con sus ciudadanos.