Jueves 2 de diciembre, 2021
  • 8 am

Adicciones

César Suárez
Por

César Suárez

436 opiniones

Por el Dr. César Suárez
Cada individuo, el que más y el que menos, suelen, recorrer la vida con sus ansiedades a cuestas, una suerte de angustia existencial que nos atraviesa a todos, de lado a lado desde el momento en que nacemos por cada incertidumbre que nos acosa o por el sólo hecho de ignorar las reales y profundas razones de nuestra existencia y un interminable surtido de porqués inundan nuestra cabeza, y cuanto más pensamos, más dudas nos envuelven.
¿Porque nacemos, crecemos, envejecemos enfermamos y morimos?¿Qué hacemos atrapados en un insignificante punto, perdidos en el universo a una distancia inconmensurable de cualquier otro punto donde podría existir alguien? ¿Dónde estábamos antes de llegar y adónde vamos después de morir, donde están los confines inciertos del universo, donde se termina y después, que cosa hay?
Cuanto más intentamos saber, sólo descubrimos más misterios.
Esa inmensidad infinita nos agobia, y desde nuestra insignificante pequeñez, a medida que más pensamos, nos da por creer que algo muy inmenso, inconmensurable, gobierna nuestro destino, y al no poder entender terminamos por creer en un ser supremo creador de todo.
Y cuando ya cansados de dudar sin poder resolver nada, nos terminamos encomendando a un Dios, para que él se ocupe y nos proteja y nos de amparo, pensando que él y solamente él, resolverá todo, o lo tiene ya resuelto y se ocupará de nuestro destino y de paso, como imaginar no cuesta tanto, quizás Dios ya tiene construido un paraíso adonde recalaremos, siempre y cuanto mantengamos una conducta perdonable.
Pero a pesar de toda la construcción histórica acerca de un Dios a cargo de todo, igual, los seres humanos, no podemos escapar a la angustia existencial y entonces cada uno, trata de no pensar en eso y ocupa su pensamiento en otras cosas para zafar de la angustia existencial y entonces nos atrapan las adicciones.
Algunos, derecho viejo le dan de punta a las drogas recreativas, una suerte de puerta por donde escapar, aunque no sea más que por un rato, pero que, al regresar a la realidad, cada vez se pone aún más insoportable. Algunos, no les queda otra que aferrarse a las drogas legales, ansiolíticos, antidepresivos, antipsicóticos, hipnóticos, estabilizadores del humor, entre otros, o más simples, otros, encuentran el bálsamo en el alcohol o simplemente, se hacen adictos al trabajo, siempre ocupados en algo para que no quede tiempo para pensar.
Resulta que las horas de espera, siempre resultan insoportables y por más que todos queremos vivir la mayor cantidad de años posibles siempre buscamos algún recurso para “matar el tiempo” mientras algo llegue. Que llegue mañana, que llegue el fin de semana, que llegue la hora del partido, que lleguen las vacaciones, que llegue el fin de año, que se termine este año de porquería (año tras año lo mismo), siempre esperando algo que debería llegar, y cuando llega, ya está, no era eso, entonces habrá que buscar otra cosa para seguir matando el tiempo.
Cada uno en su enredo personal, pero faltaba una droga universal, que nos atravesara a todos y sin remedio y al final llegó, llegaron las redes sociales y ahí sonamos todos, en muy poco tiempo quedamos atomizados, estúpidos, idiotizados, desesperados con una adicción inmanejable.
Una droga totalmente nueva, que no se toma, no se fuma, no se inhala, no se frota, ni se inyecta.
No.
Esta se mete sola por los ojos y los oídos y rápidamente impregna el cerebro y ya no tiene antídoto, es fuertemente adictiva y hay bocas de ventas en todas partes
Los encargados de combatir las adicciones, ya están adictos y en vez de combatirla, la promueven y quieren más de eso.
Y ahí vamos por el mundo, inseparables de esta nueva adicción, universalmente, atrapados, transitando como zombis, enredados en una red universal que ya no tiene escapatoria ni salida por ningún lado.
Pero hay algo peor que eso.
Nadie quiere escapar.