Viernes 21 de enero, 2022
  • 8 am

El deterioro en la pareja por celos

Gisela Caram
Por

Gisela Caram

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Ps. Gisela Caram
Los celos en una pareja no aportan ni suman nada.
Dan cuenta de inseguridades, dificultades en la comunicación, o pueden estar siendo la búsqueda de alguna prueba para terminar algo que no se puede continuar.
Cuando se sienten celos se despliegan una serie de comportamientos dirigidos a comprobar si estas ideas son reales.
Una búsqueda compulsiva, un interrogatorio reiterativo, relaciones del pasado que se vuelven a traer, al presente.
Hay que diferenciar quien es celoso por circunstancias vividas en el pasado que le resultaron traumáticas, a quien tiene celos irracionales porque sí.
El que es celoso irracionalmente no se queda quieto, busca, acosa, vigila o persigue. La búsqueda de “algo”, alguna señal que dé cuenta que hay algo oculto.
A veces encuentra, a veces no. Pero seguirá su búsqueda “desenfrenada”, lo que va poco a poco desestabilizando la pareja.
Hay momentos de una relación que facilitan el surgimiento de los celos: son las instancias donde hay cambios.
Los celos son “naturales” cuando son transitorios, pasan, se hablan, se esclarecen.
Se pueden dar en situaciones de cambios de la vida cotidiana, lo cual genera inseguridades. Por ejemplo, nuevos trabajos, cambios de horarios, amigos nuevos y ajenos a una de las dos partes, conductas diferentes en el uso del teléfono celular.
Las sospechas o dudas hay que conversarlas con calma.
La comunicación sincera, la honestidad, es un punto importante para no llegar a esas búsquedas de pruebas que solo provocan daños en quien busca, porque a veces ve, escucha o encuentra cosas que le dañan más.
Aceptar los celos infundados, es decir, donde no hay nada, es una señal de posesividad de una parte, y de sumisión de la otra.
Quien no tiene nada que ocultar, no puede aceptar la tortura de la duda. Vivir bajo la amenaza de los celos, no es vida.
El celoso irracional nunca se queda quieto, busca y se mueve buscando algo que corrobore su inquietud. Es una tortura permanente y desgastante para sí mismo y para la pareja. Una parte de sí se siente inferior al rival (real o imaginado), y la otra parte no encuentra pruebas para sentirse seguro.
Cuando va tanto el cántaro a la fuente, y éste se rompe, es decir, hay una infidelidad real, el costo emocional es alto.
Al “descubrir” algo verdadero, hay que tomar una DECISIÓN.
El repechaje para recomponer se torna más difícil cuando el “juego de la búsqueda” se termina.
El desvelamiento de un tercero, pueden llevar a tres posibilidades:
– se trabaja, se comprende y se elige seguir adelante, sin resentimientos y “sin reproches”.
– se sigue juntos para vivir en desconfianza y dudas “castigándose uno al otro.”
-o se pone punto final al vínculo de pareja.
¿Por qué pasa lo que pasa? Merece un capítulo aparte.
Lo que pasa en cada pareja es singular. Cada configuración de dos tiene una historia, una forma de relacionarse, más o menos saludable.
Tradicionalmente las infidelidades tenían causas similares según el género; los varones en búsqueda de nuevas emociones, conquistas, sensaciones diferentes. Las mujeres, generalmente, movidas por sentimientos de soledad, incomprensión, falta de comunicación.
Hoy, parejas jóvenes, tanto varones como mujeres, presentan similares comportamientos.
Puede que la superficialidad del vínculo, la falta de compromiso y de cuidado por el otro, haga que cada uno piense en sí mismo y no mida consecuencias.
Aún después de largos noviazgos, el terminar con un bloqueo de redes sociales, no más comunicación y una exposición pública con la nueva pareja, es un paisaje frecuente en estos tiempos.
Parece que no se midiera el dolor psíquico que genera la ruptura en ambas partes.
Solo que a veces, uno de los sujetos, tiene mecanismos de defensa más primitivos y bloquea fácilmente sus emociones. Emociones que, en algún momento, pasarán factura.
Ayer, hoy y mañana, nos guste o no, aunque haya nuevas formas de relacionarse socialmente, de conectarse con otros, seguimos siendo, todos, seres humanos, aunque a veces nos comportemos como máquinas.
*Especialista en Vínculos