Domingo 7 de agosto, 2022
  • 8 am

¿Otro “chicotazo”?

Fulvio Gutiérrez
Por

Fulvio Gutiérrez

263 opiniones

Dr. Fulvio Gutiérrez
Los resultados de las elecciones en el Banco de Previsión Social han tenido una trascendencia de la cual no todos se han dado cuenta. Sobre todo, no toda la “clase política”. Una simple reflexión sobre lo ocurrido, me hizo pensar que algo importante se había producido, y que ese “algo” debía ser analizado. Me refiero a la inesperada votación de los candidatos del Movimiento “Un Solo Uruguay” (USU). En las elecciones de los directores sociales del BPS, por el sector de los empresarios se impuso, José Pereyra (lista 26), con más de 78.000 votos (44% del total), candidato de USU, que además ganó en los 19 departamentos, desplazando a las cámaras empresariales del Directorio del BPS. Y eso no es poca cosa.
El Movimiento Un Solo Uruguay nació el 23 de noviembre de 2018 en Durazno, como una convocatoria de un grupo de productores rurales que pretendías demostrar a la clase política uruguaya, su descontento en forma expresa con fuertes reclamos contra el gobierno de Tabaré Vázquez, pero también contra el sistema político en general y el aparato del Estado, sin importar quien fuera el partido gobernante. En las elecciones del BPS, Un Solo Uruguay obtuvo 455.666 votos, para sorpresa de sus propios dirigentes y de los políticos en general. A mi juicio, este es un mensaje que no se puede desconocer, porque se trata de un movimiento que, más allá de haber nacido con cierto acercamiento al Partido Nacional, hoy por hoy ha perdido esa característica dando ingreso a ciudadanos de todos los partidos. Como lo señaló uno de sus dirigentes, esta votación “es un mensaje a las cámaras, a los sindicatos y a la estructura montevideana que decide”. Y es verdad.
Entonces la pregunta viene sola: ¿se puede pensar que este movimiento se transforme en un partido político? ¿Acaso esta es una pregunta disparatada? Sin duda no lo es, porque lograr cambios fuera de los partidos políticos es casi imposible. Me vino a la memoria la figura de Benito Nardone, un político y periodista radial perteneciente al Partido Nacional, que en la década de los cincuenta, tenía una audición en Radio Rural todos los días a las 11 y 30, desde la cual arengaba a los pequeños y medianos productores rurales y a los peones de campo, hablando su mismo lenguaje, con el fondo musical del Pericón Nacional. La realidad y contundencia de sus discursos, hizo que se ganara el mote de “Chicotazo”, y para organizar su fuerza gremial, en 1951 fundó la denominada “Liga Federal de Acción Ruralista”. A partir de ese momento, sus ideas las pregonaba, además de su audición radial, en los congresos ruralistas y en los cabildos abiertos que se hacían en todo el país, en los que todos podían hablar, así fuera el más intransigente crítico. Para las elecciones nacionales de 1958, convirtió a esta organización puramente gremial en una fuerza política aliándose al Partido Nacional, y provocando el triunfo de este sobre el Partido Colorado luego de 93 años en el poder. Como consecuencia de esta alianza, ingresó al Consejo Nacional de Gobierno (el Poder Ejecutivo era colegiado), del que fue presidente en 1960. Terminado su mandato, volvió a sus actividades sindicales desde la radio y la prensa cada vez con un mayor tono conservador y anticomunista.
Sin duda que hoy por hoy no existe un “Chicotazo”, y tal vez algún político o algún crítico despistado, diga “son otros tiempos”. Pero por lo ocurrido, Un Solo Uruguay se ha transformado en un movimiento político muy fuerte, agregando a su origen agropecuario, un importante apoyo de comerciantes, industriales y profesionales universitarios independientes. Este movimiento sin duda que puede “mover la aguja”. Con la jerarquía de algún dirigente con carisma, conocimiento y ganas –que los tiene- con organización y cintura política –que también los tiene- y con el asesoramiento de técnicos en diferentes aspectos del quehacer político nacional –que le sobran- la realidad política del país puede cambiar, y una gestión renovada puede hacer la diferencia. En política, los acuerdos pueden “mover montañas”. El ejemplo de Chicotazo no puede ser olvidado. Es una posibilidad que nadie debe descartar, y menos aún nadie puede ser tan ingenuo para desaprovechar.