viernes 30 de septiembre, 2022
  • 8 am

Humanizar

Padre Martín Ponce de León
Por

Padre Martín Ponce de León

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Por el Padre Martín
Ponce De León
En el artículo anterior hablaba sobre mi visita a un barrio y el desafío que dicha visita me había planteado.
Allí utilizaba el término “Humanizar” y me preguntaron a qué hacía referencia con tal concepto.
Tal vez podría haber utilizado la expresión “Dignificar” y habría pretendido decir casi lo mismo.
Utilizar tal expresión me resulta demasiado altisonante como para manifestarla cuando la tarea de humanizar hace referencia a cosas simples y elementales que están a nuestro alcance.
Hace un tiempo una persona había preguntado si podía compartir un almuerzo en nuestra “Mesa compartida”. Vino, almorzó y al retirarse me dice “Yo jamás podría volver a sentarme a un almuerzo con esta gente”
La persona a la que me refiero jamás podría desempeñar una tarea de humanización con los participantes en nuestra “Mesa compartida” puesto que no se encontraba a gusto con aquellas presencias.
Para humanizar hay que poder estar en sintonía con la realidad de lugar. Ello dice de cercanía y mucha presencia.
Se podrá experimentar la necesidad de hacer sentir la necesidad de modificar algunas realidades pero no se puede estar incómodo con la realidad existente.
Se debe tener la sensibilidad suficiente como para aceptar que esa es la realidad en la que se vive en ese lugar.
Estar en sintonía requiere la capacidad de “gastar mucho, mucho, tiempo” escuchando.
Escuchando no para juzgar interiormente sino para aprender a pensar como lo hace cada uno desde su realidad.
Escuchar no por el afán de saber detalles de la vida del barrio sino para dejarse enseñar a ver la vida desde los ojos de ellos para, desde allí, poder ayudar a buscar caminos de superación.
Cercanía es saber aceptar que los aromas no suelen ser los más gratificantes.
Cercanía es saber aceptar que la manera de pensar muchas veces no responde a la realidad de nuestros códigos y debe saber comprenderles aunque, muchas veces, no apruebe su comportamiento.
Cercanía es conocer nombres y situaciones y saber interesarnos por ellas.
Cercanía es poder estar disponible para brindar una mano cuando sea necesario.
Muchas veces a esta tarea de humanización se la puede considerar una pérdida de tiempo ya que es estar, ver, escuchar, comprender y ser disponible.
Pero sin esa base de conocimiento e identidad nunca se será algo más que una visita.
Humanizar es poner nuestro tiempo al servicio de los demás sin importar lo que el otro desee hacer con él.
Humanizar no es imponer formas de pensar o códigos sino compartir y ayudar a que el otro vislumbre realidades nuevas y las desee asumir.
Dios nos hizo humanos y nos desea plenamente realizados como tales y para ello no se nos impone sino que, sutilmente, nos va dando señales para que aprendamos y mejoremos.
Dios nos hizo humanos y, por ello, llamados a vivir y disfrutar y no limitándonos a sobrevivir.
Dios nos hizo humanos y, por lo tanto, capaces de ser felices y no a resignarnos a una vida colmada de gris.
Humanizar es ayudar a que otro se descubra como “alguien” que merece ser tenido en cuenta o importante.
Humanizar fue la gran tarea de Jesús ya que buscó que aquellos más al margen se supieran integrados, aceptados y, por ello, dejando los bordes de los caminos.
La tarea humanizadora no se puede medir o calibrar ya que es el otro quien realiza la experiencia de superarse, ser mejor y sonreír.