miércoles 5 de octubre, 2022
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Humanidad

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

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Por Gerardo Ponce
De León
El día sábado 22 de Enero de este año, en su página que ocupa hace años, el Padre Martín, nos escribe sobre una visita de un barrio al cual fue invitado a conocer, titulando su escrito Mirando distinto. En la mitad de su escrito nos relata su opinión, y nos dice que hace falta humanizar. En su siguiente escrito, día lunes 24 de Enero, bajo el título Humanizar, nos explica el por qué de este título y no “dignificar”.
Les quiero aclarar que no porque sea mi hermano sale este artículo, ya que soy asiduo lector de casi todos los que ocupan esta página. Dice en un momento: “Para humanizar hay que poder estar en sintonía con la realidad del lugar. Ello dice de cercanía y mucha presencia”. Las realidades en las que vive Martín, están muy lejos y adelantadas de las que vive quien les escribe. Más de una vez he escrito sobre las vivencias que me han tocado vivir, muy insignificantes frente a las de él. Esas pequeñas vivencias me llevan a pensar qué razón le asiste a Martín, y sé también que esta opinión, no le va a hacer cambiar su forma de ver, sentir y vivir las realidades que enfrenta, diría a diario, por su condición de sacerdote y su compromiso con el medio que se mueve.
Tengo la opinión de que existe una gran diferencia entre dignificar y humanizar, entonces recurro a mi secretario privado (diccionario) para saber qué me dice. Dignificar: “Dar dignidad a alguna cosa” Humanizar: “Hacer más humano, civil y afable”. Quiere decir que puedo hacer más digna una cosa, pero no más humana; y al contrario, que si humanizo lo hago más digno. Si dignifico lo puedo hacer con algo, si humanizo lo hago con el ser humano.
No está, en el fin, querer discutir nada, sino que comparto los títulos de Martín. Muchas veces ayudamos y lo hacemos desprendiéndonos de lo que nos sobra, molesta o por no tener algo guardado y nos olvidamos de que enfrente nuestro hay un ser humano, con sus vivencias, que compartamos o no, que nos preocupemos de conocer o no, pero que la vida lo ha llevado a eso. Pienso que no debe de ser nada “agradable” hurgar en la basura buscando algo para comer; no debe de ser nada agradable llamar en una puerta para pedir “No tiene algo que me dé”. Personalmente, cuando me piden algo, caso los cuida coches o vendedores de tarjetas, que sin querer aparecen en el momento que uno sale y piden cuando son incapaces de ayudar a atracar el vehículo, haciendo una pobre seña para facilitar esa maniobra o salida de fila. No cuesta nada y capaz con gusto uno le da algo.
Esta gente lo que más necesita es humanidad, de ser tratados como humanos; necesitan ser escuchados, cariño; necesitan ser tratados como si fuesen uno más de nosotros, y muchas veces su aspecto, su dejadez, me llevan a poner una pared entre los dos. No necesita dignidad sino humanidad.
La mesa compartida, la heladera solidaria y tantas obras que, gracias a Dios, existen, me lleva a pensar ¿qué hago por los demás? ¿Me acuerdo de agradecer lo que tengo, lo que soy? Y qué triste es reconocer mi olvido, el dejar pasar las cosas, sin mirar hacia arriba y decir: GRACIAS.
Creo que si le diésemos más humanidad a los seres humanos, el mundo sería otro, porque si algo le falta, por culpa nuestra a nuestra relación con los demás, es HUMANIDAD.