domingo 2 de octubre, 2022
  • 8 am

Habilidades diferentes

César Suárez
Por

César Suárez

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Por el Dr. César Suárez
Cada cosa, cada evento, cada actitud, cada habilidad, cada profesión tiene una denominación que la especifica y cada vez que se nombra desencadena en quien la escucha, la percepción de un concepto que le puede despertar una sensación de agrado, indiferencia o de desagrado, de acuerdo a las vivencias que esa persona haya tenido previamente con esa palabra o con una frase. Cuando una palabra o frase genera una percepción negativa hay tendencia a suavizarla con otro término que suene más “digerible” y aunque sigue siendo la misma cosa, la percepción emocional termina por ser diferente.
Yo me crie percibiendo las inequidades geopolíticas donde el mundo se dividía entre países ricos, desarrollado y países pobres denominados subdesarrollados generando una sensación de complejo de inferioridad que nos ponía a los países sudamericanos en una situación incómoda desde el punto de vista global y como personas individualmente, hasta que a alguien se le ocurrió que ya no éramos subdesarrollados sino que éramos, países en vías de desarrollo, o sea, que éramos lo misma cosa, pero con una denominación más optimista.
Algo parecido sucedía con a aquellas personas que padecen una dificultad intelectual o física que no les permite incursionar adecuadamente de acuerdo a lo que la cultura general exige a lo que se denominaba, incapacidad, una palabra dura en la percepción social por lo que se terminó por cambiar por el concepto de “personas con capacidades diferentes” que sin dudas, es una denominación justa porque la realidad muestra que todos tenemos capacidades que siempre son diferentes de unos a otros, cada uno se destaca de algún modo en una tarea o en una habilidad, es como un don que cada uno dispone y que lo usará o no de una forma adecuada, lo explotará de algún modo para su beneficio personal o lo aportará en el entorno donde vive y hasta el que luce más desvalido siempre tiene su propio don que termina por ser importante para alguien que lo valora.
En la práctica cotidiana hay en cada comunidad, en cada zona, en cada país y en el mundo entero, personas que manejan determinado arte, determinada habilidad, o determinado conocimiento que uno, varios, o todos lo aprecian de forma especial pero es cierto también que la historia ha demostrado que muchos que hoy día son considerados genios extraordinarios, en la época que vivieron fueron considerados locos, antisociales, inútiles y así murieron sin que su “capacidad diferente” nadie la reconociera.
Me acuerdo ahora mismo de Van Gogh, genio actual del arte de la pintura, considerado en su época poco menos que un antisocial, un loco, un adicto, pero hoy, más de un siglo después pasó a ser un genio indiscutido.
Me acuerdo del obstetra Ignaz Semmelweis, médico originario del denominado imperio austríaco que se enfrentó a sus colegas a mitad del siglo diecinueve sosteniendo que la higiene de manos era fundamental para evitar la trasmisión de infecciones y concluyó que la alta mortalidad de las mujeres puérperas internadas en los hospitales donde morían una de cada tres porque los médicos y estudiantes de medicina las examinaban sin lavarse las manos luego de haber estado disecando cadáveres, demostrando que con sólo lavarse correctamente las manos, la mortalidad se reducía a tres o cuatro por ciento. Sus colegas se sintieron ofendidos por dichas conclusiones, siendo considerado un loco que desvariaba con falsas conclusiones terminado encerrado en un manicomio por decisión de sus propios colegas.
Todos tenemos nuestras habilidades y nuestras torpezas, y habitualmente podemos ser muy destacados en un determinado arte e inútiles para desarrollar otra actividad.
Yo me pregunto, ¿qué sería de Lionel Messi si hubiera nacido en mil ochocientos cuando el fútbol aún no se había inventado?
Cada uno tiene sus propias habilidades, aunque a veces no lo parezca en el momento en que se analizan y aunque nadie termine por darse cuenta, cada individuo sobre la tierra es tan importante como cualquiera, aunque el resto de los mortales aún no lo hayan percibido, por lo tanto, es más que justo que nos demos cuenta que todos tenemos habilidades diferentes y que habitualmente solemos tener infinitas torpezas más que la habilidad que nos destaca.