domingo 2 de octubre, 2022
  • 8 am

El amor como base

Gerardo Ponce de León
Por

Gerardo Ponce de León

15 opiniones

Por Gerardo Ponce
De León
El escrito del miércoles pasado se prestó para las más variadas interpretaciones de las cuales algunas coinciden con mi opinión, otras no y también aparecen las que no entiendo. Para mí, reitero, la felicidad es un estado de ánimo, el Amor es algo que se siente, que me hace cambiar y sentir de otra forma, la vida. Puedo ser feliz con una persona y no amarlo, pero si la amo es porque estoy o me siento feliz con ella. Para marcar más la diferencia entre ambos, recurrí a mi consultor, don diccionario, el cual dice: Felicidad: placer, satisfacción, júbilo.
Amor: sentimiento que inclina el ánimo hacia algo o alguien.
Tuve el placer de conocer a alguien o algo, la satisfacción de hacer tal cosa, me provocó júbilo el triunfo de mi cuadro sobre su tradicional rival. En cambio: soy capaz de darme porque siento o tengo la necesidad, por convicción, de frente a otro ser humano.
El AMOR es llegar a una meta, que para llegar a ella, tengo que subir por una escalera que tiene como escalones a: la felicidad, humildad, aceptación, entrega, tolerancia y los escalones que uno les quiera poner.
Reconozco que puedo estar totalmente equivocado, pero una entrega no se hace por feliz, se hace queriendo a la persona que necesita, que vive, que siento un dejo de “asco”, y al darme, recibo un pago, que es una caricia al corazón, porque me realizo, hasta sin darme cuenta, como persona al aceptar como es el otro e igual le doy lo que necesita
No en vano, nuestro Padre, nos pide: “Amad al prójimo como a ti mismo” y el amor es lo primordial para el cristiano. Si vemos con tranquilidad, mente fría, todo está hecho por AMOR. Sé que muchas veces nos pesa “el qué dirán”, pero tenemos que tener ese “olor a oveja” que nos pide el Papa Francisco, agregando que no tengamos miedo (que dirán) que tenemos que hacer ruido y ser alegres. Esto es igual a que me pidan que sea feliz en lo que hago; no me importa los demás, sino hacer la mía, no sintiendo la “presión” del qué dirán.
La prueba de que no es tan fácil o que nosotros complicamos, que no serían necesarios los santos, ya que todos lo seríamos; ya que estos son ejemplos a seguir. ¿Y qué hacían, para estar en el lugar que están? Muy sencillo: practicaban el AMOR.
Sé que existen muchos santos y que no los vemos en las Iglesias, dado que su obrar no trasciende, pero que tienen una vida ejemplar, de entrega, humildad, despojo, que no es otra cosa que amar al prójimo como a mí mismo. ¿Usted no cree que si abundaran los santos en el mundo o que la humanidad fuera más fraterna, humana, humilde, el mundo no sería mejor? Hoy día el consumismo, la avaricia, el poder, nos ciega y es común que estas sean metas en nuestras vidas, y ahí vienen las guerras, el desprecio, la esclavitud.
Miren que más de una vez les he dicho que es una opinión y que se tiene todo el derecho a no estar de acuerdo. Mi propósito no es otro que el querer que juntos pensemos en como tenemos que caminar en esta vida y, personalmente, estoy muy lejos de ser un maestro un guía, un consejero, dado que el primero que debe de poner en práctica lo que escribe, soy yo. Pero si estoy convencido y creo que el AMOR es la base de nuestras vidas.