sábado 1 de octubre, 2022
  • 8 am

¿Qué pasa con el sistema judicial?

Fulvio Gutiérrez
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Fulvio Gutiérrez

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Movistar – 19/09/22 al 19/10/22

Dr. Fulvio Gutiérrez
Hace ya algunos años que la actuación de los órganos de nuestro sistema judicial, y la conducta de los titulares de alguno de esos órganos, comprendiendo incluso a los titulares de las fiscalías, se ha salido de los carriles normales. Y lo que es peor, se han violado ciertas reglas o códigos que fueron el sustento de un Sistema Judicial prestigioso, solvente jurídica y éticamente, y ajustado a una normativa que específicamente regula tales procederes. Por mi condición de abogado, lo digo con cierta vergüenza. Tal vez vergüenza ajena, pero vergüenza al fin. Hay jueces y fiscales que violaron el Derecho, violaron la más elemental ética profesional, y han sumido a nuestro sistema judicial en un desprestigio que jamás se me pasó por la mente que pudiera ocurrir.
Sabido es que Jueces y Fiscales están sometidos a un estatuto jurídico que debe ser respetado siempre, a como diere lugar. No pueden divulgar públicamente los casos que tienen a su cargo, y su conducta personal debe ser clara expresión de imparcialidad, objetividad, transparencia, inmediación procesal y lograr la más pronta y eficiente administración de la Justicia. Deben cumplir siempre y a rajatabla con el Derecho.
¿Qué ha pasado en estos últimos tiempos? Algunos jueces y fiscales se han excedido en comentarios públicos ante diversos medios de comunicación, o han tomado decisiones violatorias de normas jurídicas que no se condicen con una conducta normal.
A vía de ejemplo, recuerdo la excesiva verborragia de la Fiscal Darviña Viera, que estaba a cargo de la “megacausa” Operación Océano, desarrollada ante cualquier micrófono o cámara que se le pusiera a tiro, y la no entrega de 50 documentos a la defensa de los imputados en el mismo trámite situaciones que motivaron su alejamiento de dicha causa, dicen, (¡vaya casualidad!), que por razones de salud; la separación del cargo de la jueza letrada de Rivera de 6º Turno María Sánchez Ruiz, por peculado, abuso de funciones y violencia privada, en complicidad con su esposo; el allanamiento de Azul FM para conocer el “origen” de sus audios el que generó cuestionamientos por «violación de libertad de prensa», al pretender claramente conocer la fuente que utilizó el periodista Ignacio Alvarez para denunciar lo que denunció; el insólito reconocimiento público de ese error por parte del Fiscal de Corte Juan Gómez en conferencia de prensa, y la marcha atrás sobre los allanamientos dispuestos; el sumario que le inició el Poder Judicial con separación del cargo a la jueza de Paz Departamental de Treinta y Tres Florencia Ferreyra, (ya antes denunciada por funcionarios del juzgado por acoso laboral y abuso a nivel administrativo), luego que se hiciera público que apoyó al presidente, Luis Lacalle Pou, en sus redes sociales, cosa que no puede hacer; la jueza de 6° turno especializada en Violencia de Género de Pando, Ada Siré, que publicó un video en la red social TikTok con expresiones ridiculizantes favorables a la “ideología de género” (tema de su competencia como jueza) y que cuando la Corte decidió investigar, también se “enfermó” y salió con la licencia correspondiente; un funcionario judicial que el 3 de febrero pasado “presidió” y realizó una audiencia por sí y ante sí, sin la presencia de la jueza (todo eso es nulo) que estaba con licencia por enfermedad; o el juez suplente de Florida, imputado por abuso sexual agravado de un menor que espera el juicio con prisión domiciliaria. ¡Todo esto es gravísimo!
¿Qué está pasando? Como se puede tener confianza y convivir en el ejercicio del Derecho, con jueces o fiscales que no tienen ningún reparo en pasar por encima de ese Derecho. ¿Qué no son todos? ¡Menos mal! ¿Que una minoría no puede servir para juzgar el todo? ¡Por supuesto! Pero alguien tiene que hacer algo. Y alguien de dentro del Sistema Judicial. No de fuera. Porque si no, será como los músicos del Titanic, que siguieron tocando una melodía mientras el barco se hundía. Y… ¡Cuidado, en este caso, ese barco se llama Justicia!