lunes 26 de septiembre, 2022
  • 8 am

Argentina, un shock más permanente que temporal

Estudio Signorelli & Altamiranda
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Joaquín Forrisi para
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Esta nota invita al lector a hacer una puesta punto del contexto económico financiero regional y su impacto en la economía uruguaya. Estos factores son de particular interés para Uruguay y particularmente para el litoral, donde la actividad comercial está estrictamente ligada a la diferencia cambiaria con Argentina.
Argentina parece haberse transformado de una economía con recurrentes shocks transitorios negativos y superfluos shocks positivos, a un vecino donde sus desbalances macros y microeconómicos estructurales perpetúan los efectos negativos en la economía uruguaya.
El nobel ministro de economía Sergio Massa parece tener una visión fiscal más heterodoxa, poniendo en marcha ajustes los subsidios de la energía, pero en un contexto político donde la colación de gobierno no parece tener la misma visión y donde encuentra mayor oposición en el propio oficialismo que en el resto del espectro político.
En el frente financiero, continúan las políticas de tipos de cambio múltiples. El tipo de cambio oficial lleva una depreciación paulatina, pasando de AR$ 110 a AR$ 145 por dólar, lo que deja una depreciación de un 34% en lo que transcurre de 2022. Mientras, el dólar blue o informal, tuvo una depreciación del 30% en 2022 pero con una dinámica ya que a mediados de julio había pisado los AR$ 340 por dólar desde AR$ 200 de principios de año.
Esta baja en el precio del dólar podría asociarse a los anuncios del Gobierno, principalmente a la incursión del el “dólar soja”, que es un tipo de cambio diferencial de AR$ 200, sustancialmente mayor al del resto de los sectores de la economía que participan del MULC (Mercado Único y Libre de Cambios). Esto tiene por objetivo incentivar la liquidación de la cosecha por parte de los exportadores y así inyectar dólares a las reservas del Banco Central.
En términos de inflación, el dato a julio es un incremento en lo que va del año de 46%, lo que anualizado deja una inflación próxima al 100%. Este ritmo inflacionario es consistente con la devaluación persistente del tipo de cambio nominal, pero además activa otros mecanismos que pueden acelerarlo, cómo la indexación de contratos y los salarios, que generen espirales inflacionarios.
Para sobrellevar esta situación y volver a la senda de crecimiento, Argentina debe implementar un plan de estabilización global que tenga una consenso político y social amplio. Este plan seguramente implique la determinación de alguna ancla nominal, cómo podría ser el tipo de cambio, para anclar las expectativas de los agentes. Dentro de los aspectos a instrumentar sería razonable incluir la corrección del atraso cambiario oficial -posiblemente con un desdoblamiento cambiario que implique un tipo de cambio para comercio exterior y otro para transacciones financieras-, libre movilidad de capitales, sinceramiento de las tarifas entre otras y un sistema de transferencias que aseguren dignidad a los ciudadanos sin desincentivar la actividad en el mercado laboral.
Mientras tanto, de este lado del río, es razonable asumir cierta persistencia del shock externo negativo de nuestro vecino que afecta directamente la actividad comercial en el litoral y la turística en la temporada estival en el este.