sábado 1 de octubre, 2022
  • 8 am

Adversario no es igual a enemigo

Gustavo Varela
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Gustavo Varela

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Por el Esc. Gustavo Varela
Se ha llevado a cabo el día martes el tan promocionado llamado al diálogo político por parte del Presidente del FA Fernando Pereira, quien se encuentra preocupado por los niveles de violencia que se han dado en distintos ámbitos de la escena política del Uruguay, como así también sobre distintos aspectos de la transparencia en torno a la ley anti lavado, la Junta de Transparencia y Ética, y la regulación del financiamiento de los partidos políticos.
Expresado de ese modo, no creo que haya partido político que no se digne a sentarse en rededor de una mesa a conversar de estos temas buscando bajar los decibeles al presunto y exacerbado debate político, que fundamentalmente se da en el ámbito de redes sociales, pero que podría acarrear graves consecuencias en caso de permear hacia los estratos militantes.
Vamos a poner las cosas en su estricto lugar.
El Uruguay tiene y fomenta una muy larga tradición de diálogo político que se da en los diferentes ámbitos donde se lleva a cabo dicha tarea.
Se conversa, se conversó y se conversará en cualquier tiempo, ya que es la esencia de la actividad política.
Siempre se intercambian ideas en un tono muy agradable, cuando no están las cámaras y los micrófonos cerca, que puedan difundir lo que está ocurriendo.
Mas cuando esos mismos actores son sabedores de que están cerca quienes puedan trasmitir lo que se está haciendo o diciendo, inmediatamente se pasa a modo de guerrero, donde se rivaliza sobre quien grita más y expresa más improperios.
¿O nos olvidamos cuando Mujica aconsejó a los dirigentes blancos que cuidaran a sus esposas?
Por eso, no compartimos para nada la idea de que falta diálogo entre los diferentes agentes políticos, pues repito, se lleva a cabo mucho más de lo que se piensa y de lo que se ve.
Sí creemos que lo que ocurre es la falta de confianza en lo provechoso que puede resultar el diálogo político en función de las posiciones extremas que adoptan algunos actores, que necesitan trascender pues carecen de ideas para llevar a cabo.
Pongamos un ejemplo de lo que decimos.
El Presidente del FA, expresa:
«Creo que estamos en un momento de alta judicialización de la política. Esto no quiere decir que la Justicia no tenga que entrar en determinadas oportunidades cuando se creen que se han cometido delitos, pero hacer de la Justicia la forma de laudar los conflictos entre partidos es un dato negativo y donde hay que trabajar en todos los partidos».
¿Quién puede estar en contra de los conceptos vertidos por el Presidente del FA?
Absolutamente nadie.
Sin embargo, recordemos que lo primero que hace, por ejemplo el Intendente de Salto, cuando gana el gobierno departamental, es plantear una acción contra un grupo de ciudadanos que integró el gobierno anterior, denunciándolos como integrantes de una “Asociación Ilícita”.
¿El rocambolesco Intendente no es del FA?
O sea, que lo que pedimos que no se haga, se hace y se lleva adelante contra los rivales políticos.
O cuando pedimos que la actuación de la Junta de Transparencia y Ética sea lo más cristalina posible, pero si lauda o informa en contra de los intereses de mi partido político, lo hago renunciar por tonto, como lo ocurrido con el representante del FA en dicha, Junta Jorge Castro, que cuando tuvo que informar sobre el Antel Arena, lo hizo de manera crítica contra lo que pensaba dicha fuerza política. Y fue ejecutado sumariamente.
Esos son dos buenos ejemplos de que no se puede exhortar a los demás a llevar a cabo distintas actitudes, cuando son ellos mismos los que actúan en contra, haciendo perder la confianza necesaria que se tiene que tener entre los diferentes interlocutores, pues es la base del diálogo en sí mismo.
Cuando se respeten los diferentes códigos que son necesarios respetar, cuando no se sobrepasen determinados límites que hoy lo están haciendo, cuando podamos confiar en la palabra del interlocutor, aunque no estemos de acuerdo, allí comprenderán algunos, que la lucha política es sobre las ideas y no sobre las personas.
Mientras tanto, aquellos que no tienen ideas claras, van a seguir atacando y a la vez pidiendo calma, para que la gente piense que son los únicos buenos.
Para nosotros, los adversarios nunca serán los enemigos.